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lunes, 29 de agosto de 2011
Video del lunes: Al Green
El gran Al haciendo su clásico "Let´s stay together" en el programa Rollin´on the river, 1972.
domingo, 3 de abril de 2011
Vinilos del fin de semana: Al Green x 2
Paseando por Parque Los Andes (barrio de Chacarita, Buenos Aires) compramos dos vinilos de Al Green por 25 pesos. La felicidad, a veces, cuesta muy poco.
Según nuestro columnista estrella de la sección Soul Basics, Isley Juan, se trata de dos álbumes del mejor período de Al, cuando coproducía sus discos junto a Willie Mitchell.
Este es el lp que viene después de "Call me", ya reseñado por Isley en UVVD. Arranca un poco en piloto automático, como desganado, con "Livin´for you" y "Home again".
Recién acelera un poco a la altura de "Let´s get married" y su encantador groove de mid tempo. El lado 2 abre con los bronces Phily de "Sweet sixteen", sin abadonar ese tono apagado, casi íntimo, de la voz de Al.
Esa que debe haber derretido a varias chicas a la altura de su lubricadísima versión de "Unchained melody".
También grabado en los Royal Recording Studios de Memphis, "Express your mind" abre fuerte con dos hits al hilo: "Sha la la (make me happy)" y "Take me to the river" (versionada años más tarde por los Talking Heads y con especial lucimiento de la base rítimica a cargo de Howard Grimes y Leroy Hodges).
La cosa se pone gospel- lujuriosa a la altura de "God blessed our love" y vuelve a levantar el tempo con la irresistible "The city". "I'm Hooked on You" insiste en las dinámicas del célebre "Let´s stay together" (´72) y "Stay with me forever" es pura delicadeza vocal e instrumental.
La cosa se pone gospel- lujuriosa a la altura de "God blessed our love" y vuelve a levantar el tempo con la irresistible "The city". "I'm Hooked on You" insiste en las dinámicas del célebre "Let´s stay together" (´72) y "Stay with me forever" es pura delicadeza vocal e instrumental.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Soul basics: Lay it down (Al Green, 2008)
Por Isley Juan
La seguidilla de comentarios al post anterior de Soul Basics –un contrapunto entre Spellbound, Ultravivido y yo- derivó, entre otras cosas, en que revisara la producción final de Al Green y descubriera ¡que había pasado por alto su último álbum! Así que, casi sin darme cuenta, una caminata por la avenida Corrientes con mi hija, desde Almagro a Villa Crespo, en Buenos Aires, desembocó en la disquería RGS, sobre Corrientes, a metros de Scalabrini Ortiz.
La disquería es adorable. Resiste a pie firme el embate digital –es algo así como un enclave de una época pre download– y solamente ofrece música envasada, bien exhibida y catalogada. Es más, salvo por un puñado de vinilos nuevos y algunas películas, aloja una amplia colección de cedés nacionales, europeos y americanos a precios razonables. Y está atendida por su dueño, alguien que de tan empeñado en ser un comerciante eficiente parece llevar sus conocimientos musicales como una imposición.
Así que mientras mi hija revisaba acá y allá, yo fui directamente a la sección “solistas masculinos” y con satisfacción encontré que estaba la producción de los últimos años de Al Green: "I Can’t Stop", "Everything is OK" y el que buscaba, "Lay It Down". Agarré el último y lo llevé al mostrador. El dueño-vendedor tomó la pequeña cajita e igual que a su colega de los vinilos usados, el músico afroamericano lo puso a hablar.
–Al Green... Mirá vos. Justo hoy me llegó la lista de la distribuidora que decía que lo descatalogan.
–¿Quiere decir que me estoy llevando el último?
–No, alguno más me queda –me dijo, satisfecho de su reserva mientras se lo alcanzaba a su única empleada para que me armara la factura.
Viejo, experimentado y sexy
"Lay It Down" es como la disquería de Villa Crespo: algo bien hecho, levemente anacrónico, que todavía tiene algo para decirnos sobre el mundo a pesar de que no ocupe un lugar central. Gran mérito parece haber en ello de los productores, los muchachos de The Roots “?uestlove” Thompson y James Poyser (pronto nos ocuparemos) que se las ingeniaron para volver a traer al Al Green de su época dorada, el que revisitamos justamente en el post anterior, pero a sus sesenta y pico de años, bien en presente.
Con una serie de sutiles decisiones –por ejemplo, actualizar el sonido rítmico, pero dejar calcado el de los vientos o traer invitados como John Legend o Corinne Bailey Rae pero mantenerlos lejos del primer plano - consiguen lo que Mitchell, su productor de siempre, no pudo con "I Can’t Stop" y "Everything is OK", sus álbumes del regreso.
En sus once canciones, Green le canta al amor y vuelve a encender la chispa apagada durante su retiro espiritual. Hay algo esencial, experimentado, hasta sexualmente sucio sobrevolando cada media entonación de su voz, ahora ligeramente más cascada pero tan potente como siempre.
Los títulos de las canciones reflejan algo de todo esto. El álbum abre con "Lay It Down" (“rendite, dejalo ir" invita sin ansiedad a la mujer destinataria de la canción) y sigue con "Just for Me" (gran estribillo en falsetto, cantando en paralelo con los vientos) y "I Don’t Wanna Change Your Mind" (otra canción que habla de aceptación y revisita con éxito el sonido Philly).
Después viene uno de los momentos más altos: "What More Do You Want From Me". Bien del sur, con cierto aire Staxioso que la sobrevuela, Green canta un leve reproche. Pasan sin desentonar las colaboraciones con Corinne Bailey Rae –la del hit "Put Your Records On"- y John Legend, y sobre el final, otros dos grandes momentos del álbum, con definiciones de afirmación personal: "I’m Wild About You" (“digo lo que tengo que decir, transito el camino que tengo que caminar, y solamente vos y yo”) y "I’m Standing in the Rain": “anotate esto si podés/ soy un hombre frío que trabaja duramente/mirá la guitarra en mi mano/Estoy parado acá afuera en la lluvia”.
El resultado total, parafraseando a Georgie B. que pedía a los artistas maduros “no la sencillez que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad”, es una obra que suena natural, sin esfuerzo, pero primaria y profunda. Como Musicology, de Prince o Two Against Nature, de Steely Dan, "Lay It Down" termina ganándose su lugar como una gran obra tardía, un disco esencial cuando el mundo está ocupado en otros asuntos.
Sería una lástima que eso nos confunda: aunque no sean sus tiempos, el reverendo sigue teniendo un par de cosas para contar y convendría andar escuchando.
Coda:
Ya la nombré, pero escuchen “Belle” (1977). Me animaría a decir que es el otro disco fuera del período dorado que tiene su encanto. Desinteresado de la música disco, pero dotando de cierta gracia al Middle of the Road al que tanto provecho le sacaron en aquellos años bandas como Eagles o Chicago, tiene al menos dos canciones que podrían ir a parar tranquilamente a su mejor grandes éxitos.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Soul basics: Call me (Al Green, 1973)
By Isley Juan
La última vez que hablé seriamente con alguien de Al Green fue con un disquero viejo del barrio de Congreso, de la calle Rodríguez Peña, casi Rivadavia. Un tipo amable pero callado, que por su aspecto y por la oferta general de su negocio diría que anclaba un poco en los setentas: Creedence, Allman Brothers, Pescado Rabioso.
La última vez que hablé seriamente con alguien de Al Green fue con un disquero viejo del barrio de Congreso, de la calle Rodríguez Peña, casi Rivadavia. Un tipo amable pero callado, que por su aspecto y por la oferta general de su negocio diría que anclaba un poco en los setentas: Creedence, Allman Brothers, Pescado Rabioso.
Estaba revisando la sección de R&B, apretada en un par de cajas de cartón sobre una de las paredes laterales del local. El disquero me preguntó por reglamento si buscaba algo en especial, mientras acomodaba otras cosas. Le dije que “nada puntual, quizás algo de Al Green”.
- No… de Al Green, no –me dijo pensativo, como en tono de auto reproche por no tener nada pero no por perderse una eventual transacción, me pareció, y repitió para sí el nombre del cantante. Así que aproveché y le dije, para alargar la conversación, que me gustaba y que me parecía que estaba un injustamente oscurecido por Marvin Gaye, a quien se conoce más. Asintió lenta y repetidamente.
-Hay algo que el tipo tiene… -Hizo un gesto inconcluso con los dedos, frotándolos entre sí, como queriendo agarrar algo escurridizo.
Eso fue todo. Ahí se quedó charla de disquería. Al rato le compré el doble en vivo de Bob Dylan, edición nacional.
Ahora que me propuse escribir sobre el cantante americano, toda la escena me resulta de lo mejor que puedo hacer para introducir a Al Green. Y no es que falten ideas. Podría tomar, por ejemplo, las que tienen que ver con expresar la tensión entre dos mundos.
En primer lugar, la tensión entre el mundo pulsional y el religioso. Green, un tipo formado como muchos de los cantantes negros en los púlpitos de una iglesia pentecostal, siempre fue considerado un cantante sexy. Tanto, que llevó al suicidio a una de sus novias, despechada por su negativa a casarse con ella, un episodio que lo terminó apartando del mundo secular y que lo llevó a fundar su propia congregación.
En primer lugar, la tensión entre el mundo pulsional y el religioso. Green, un tipo formado como muchos de los cantantes negros en los púlpitos de una iglesia pentecostal, siempre fue considerado un cantante sexy. Tanto, que llevó al suicidio a una de sus novias, despechada por su negativa a casarse con ella, un episodio que lo terminó apartando del mundo secular y que lo llevó a fundar su propia congregación.
En segundo lugar, la tensión entre el sur y el norte de los Estados Unidos. Como bien señala Stephen Erlewine en su biografía de All Music, en Green se sintentizó el soul de Memphis para abajo, más agreste y desprolijo, con el de Philadelphia, más sofisticado y elegante. Las canciones de Al Green toman lo mejor de ambos universos: pueden estar orquestadas sin bordear jamás ese toque funcional que a veces molesta en MFSB, los dueños del sonido Philly. O, por el contrario, tener la pasión cruda de los discos de Stax sin los desbordes de un Otis Redding.
A todo esto quizás se deba ese modo de cantar contenido, bien íntimo, medio trompetoso, tan expresivo por lo que suelta como por lo que calla. Ese modo inagarrable, capaz de llevar a las chicas a la muerte y a los disqueros de Buenos Aires a conversar un poco.
AL, llamame
De sus muchos buenos álbumes –todos de la primera mitad de los setentas-, el que me hubiera gustado encontrar en uno de los cajones del local de Congreso es Call Me, producido por Willie Mitchell, un hombre que hacía lo mismo que Al Green con la voz pero con ¡orquestaciones de vientos y violines!
El álbum es memorable de principio a fin y, aunque no tiene hits como "Let’s Stay Together" o "Love and Happiness", siempre primerea cuando los expertos seleccionan lo mejor de su discografía. Algunas joyas: "Stand up", una declaración de principios que por sutil resulta más poderosa que muchas otras declamaciones de la época; los susurros en falsetto de "You ought to be with me"; el diálogo sincopado de voz y vientos en "Here I’ am, Baby" (sí, la que versionan los UB40) y la improvisación murmurada del final de "Jesus is Waiting".
Y a la vez que denuncian su origen sureño, no están nada mal las versiones de canciones country como "I’m So Lonesome I Could Cry" de Hank Williams y "Funny How Time Slips Away" de Willie Nelson.
Coda
De sus muchos buenos álbumes –todos de la primera mitad de los setentas-, el que me hubiera gustado encontrar en uno de los cajones del local de Congreso es Call Me, producido por Willie Mitchell, un hombre que hacía lo mismo que Al Green con la voz pero con ¡orquestaciones de vientos y violines!
El álbum es memorable de principio a fin y, aunque no tiene hits como "Let’s Stay Together" o "Love and Happiness", siempre primerea cuando los expertos seleccionan lo mejor de su discografía. Algunas joyas: "Stand up", una declaración de principios que por sutil resulta más poderosa que muchas otras declamaciones de la época; los susurros en falsetto de "You ought to be with me"; el diálogo sincopado de voz y vientos en "Here I’ am, Baby" (sí, la que versionan los UB40) y la improvisación murmurada del final de "Jesus is Waiting".
Y a la vez que denuncian su origen sureño, no están nada mal las versiones de canciones country como "I’m So Lonesome I Could Cry" de Hank Williams y "Funny How Time Slips Away" de Willie Nelson.
Coda
Cuando me embolsaba el disco de Dylan, unos 20 minutos después de haberse restregado los dedos, el disquero me retomó la charla.
-Hace rato que no veo discos de Al Green.
Le insistí con mi idea de que estaba un poco oscurecido por la fama de otros grandes de la época.-Puede ser –me contestó, sin prestar mucha atención-. Pero él tiene algo que los demás…
Y ahí se volvió a quedar, inconcluso.
Pero lo que sea que haya querido decir, los demás no lo tienen, efectivamente.
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