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sábado, 23 de junio de 2012

Discos: I am the cosmos (Chris Bell, 1992)

La historia detrás de "I am the cosmos", el único disco solista editado por el ex Big Star Chris Bell, sigue siendo una de las más tristes y misteriosas. Fue un verdadero "disco perdido" por muchos años.

Al parecer, la salud mental y el ánimo de Chris nunca pudieron sobreponerse al fracaso comercial del disco debut de Big Star, "#1 Record", editado en 1972. Deprimido, su hermano David le compró un ticket para viajar a Italia y los Alpes Suizos, donde se sacó esa foto que terminaria en la tapa de su único álbum solista.

Pero el viaje recién comenzaba, al igual que los interminables contratiempos. De vuelta en Estados Unidos, Bell abandonó definitivamente Big Star, a lo que siguieron dos años de depresión, intentos de suicidio incluidos. Era hora de cambiar de aire y el hermano se llevó a Chris esta vez a Francia, donde lo puso a trabajar en los famosos estudios Chateau D´Herouville. Allí trataron a Bell con el respeto que merecía, precedido por las buenas críticas del disco debut de los Big Star.

En el Chateau se grabaron varias canciones (la mayoría de las que luego formarían el corazón de "I am the cosmos") con una frutilla en el postre: el contacto con Geoff Emerick (ingeniero de The Beatles), quien hizo algunas mezclas en los estudios AIR, propiedad de George Martin. La experiencia fue como un sueño para un beatlemaníaco como Chris. 

Pero la suerte, en general, seguiría siendo esquiva. La historia sigue en Londres y Alemania en 1975, buscando infructuosamente sello para editar las canciones y tocando en pubs para conseguir una libra extra. De vuelta en Estados Unidos, siguieron dos años y medio de desilusión, en los que Chris trabajó en restaurantes y otros trabajos menores.

Finalmente, en 1978 y ya de vuelta en Memphis, la suerte empezó a cambiar. EMI había reeditado los dos discos de Big Star como álbum doble y el sello Car Records hizo lo propio con dos canciones de Bell ("I am the cosmos" y "You and your sister") en un simple hoy inconseguible para fans.

El 27 de diciembre de 1978, sin embargo, volviendo de un ensayo con su nueva banda, Chris se estrelló contra una cabina de teléfono y murió al instante. Seis años más tarde el sello Ardent (quien había manejado a los Big Star) quiso sacar finalmente el material inédito, que vio la luz en CD recién en 1992, con algunos agregados.

Más allá de todos estos ribetes anecdóticos, "I am the cosmos" es un hermoso disco. Su naturaleza nómade y fragmentaria le juega a favor: las canciones suenan vitales, frescas, sin sobreproducciones. El disco, además, traza un panorama del talento de Chris Bell -la mitad compositiva de Big Star junto a Alex Chilton- para la canción agridulce, que era su especialidad.

Hay varias gemas, empezando por la ultra lennoniana "Better save yourself", morosa y circular. En la veta más Power Pop, "Get away" y "Make a scene" parecen sacadas directamente del molde de "Radio city" (1974).

Y luego están esas hermosas baladas cósmicas, abiertas, siderales en su riqueza armónica y melódica como "Speed of sound", "I am the cosmos", "Look up" y "You and your sister", con el acompañamiento de Chilton en coros.

viernes, 20 de mayo de 2011

Discos: Pleased to meet me (The Replacements, 1987)

Por momentos cuando escuchamos a The Replacements tenemos la sensación de que tuvieron varios de los atributos que los podrían haber llevado -aunque más no sea- un poco más arriba en la consideración de crítica y ventas. Pero que por alguna razón (¿su agitada combustión interna tal vez?) ellos mismos dinamitaron su talento. 

De todas formas, el tiempo le daría cierta estatura mítica a la banda de Paul Westerberg. Mientras tanto, ahí tenemos sus discos para seguir desentrañando el secreto de su extraña amalgama musical. ¿Punk rockers? ¿Power Pop desencajado? ¿Hard rock con intenciones de FM?

En 1987 el grupo se trasladó a los míticos estudios Ardent, en Memphis, para grabar su sexto álbum de estudio, "Pleased to meet me". Un registro menos ríspido y accidentado que sus antecesores, pero que todavía mostraba el fuego sagrado de los chicos de Minneapolis.

La decisión de Memphis no parece casual, en vistas al homenaje explícito de "Alex Chilton": un pop tan energizante como lírico en honor al ex Big Star (que dicho sea de paso aporta sus guitarras en el track final, "Can´t hardly wait"). Pero volviendo a "Alex Hilton", bueno, por un tema así podría valer la pena todo el intento. Coros, dinámicas, cambios de intensidad, palmas. Todo lo que tiene que tener una canción para volverse adictiva y obligar el "Repeat". 

Pero hablamos de intenciones malogradas, y éstas quedan en evidencia en esos esqueletos de canciones pop aptas para todo público como "Never mind": lo que en otros hubiera sido un hit, en la desencajada voz de Westerberg y la instrumentación atolondrada del grupo se convierte en una música al borde del abismo. ¿No quisieron o no se animaron a más? Tal vez, simplemente tengamos que dejar que la música -siempre fresca, siempre vital y sincera de los Replacements- hable por sí misma.

Hay más dosis de energía. "I.O.U" abre el set con un rock clásico, tocado bien al frente y sin sacar nunca el pie del acelerador, y en "I don´t know" se luce el saxo barítono del célebre "Teenage" Steve Douglas, cuyo currículum incluye grabaciones con Elvis, Aretha Franklin, Beach Boys y Dylan, entre otros. 

El jazz noctámbulo "Nightclub jitters" sorprende y le otorga otra calidez al set, que recupera rápido la energía con "The ledge" y la dupla de "Valentine" (Power Pop made in Replacements) y "Shooting dirty pool". Casi sobre el final, nos quedamos solos con la voz y la guitarra de Westerberg para la apacible "Skyway"."Can´t hardly wait" le rinde tributo a la ciudad con los Memphis Horns intercambiando arreglos con las guitarras, en un final agridulce. Mitad deseo, mitad resquemor y dudas.

Para Copetín, un auténtico Replacement.

The Replacements
Paul Westerberg- Tommy Stinson- Chris Mars.

Discografía cercana
Tim (1985)- Pleased to meet me (1987)- Don´t tell a soul (1989).

martes, 23 de noviembre de 2010

Discos: Radio city (Big Star, 1974)

Las tensiones al interior de Big Star llegaron a su punto álgido en la Navidad de 1972, cuando Chris Bell abandonó definitivamente el grupo.

A la escasa repercusión comercial de #1 Record se le sumaron las disputas cada vez más frecuentes entre Bell y Alex Chilton, cuya personalidad dominante ya resultaba demasiado para la frágil personalidad de Chris. Ambos, además, querían cosas diferentes para el grupo: Bell, volcarse más al estudio, Chilton, al vivo. A fin de año, uno del par dijo basta.  
 
Reducido ahora a trío el grupo estuvo a punto de separarse, pero un show local con buenas críticas decidieron a Chilton a seguir junto a Andy Hummel y Jody Stephens. En el invierno de 1973 entraron nuevamente a los Ardent Studios para grabar el sucesor de "#1 record".

¿Pierde, empata o supera a aquel mágico debut este "Radio city"?

Las discusiones serán eternas, pero lo cierto es que aquí tenemos otra colección de brillante Power Pop: vital, urgente, aunque menos descollante, tal vez, a nivel compositivo. Las canciones son menos (¿se las había llevado consigo Chris Bell acaso?) aunque las dinámicas y progresiones se refinan -por momentos- con respecto al debut.

"Oh my soul" no aporta demasiado al canon del grupo y el comienzo del álbum se entretiene abusando de los arreglos. Recién en "Way out west" comienzan a brillar las armonías y en "What´s going ahn" hacen su entrada esos ribetes agridulces marca registrada de la casa.

Hay ejercicios de maestría pop en "You get what you deserve" y el set se empieza a desperezar con la electrificación excitante de "Mod lang" y "She´s a mover": el perfil más "raw" de los Big Star. "Back of a car" (y sobre todo la bellísima "September gurls") recuperan la frescura inicial y "Daisy glaze" -con su cambio repentino de ritmos, sus arreglos inspirados- resume el ADN de la banda.

Pero la historia no se torcería tan fácil y la mala distribución de Ardent/ Stax (sumados a conflictos con Columbia) volvería a atentar contra la magia triste de los chicos de Memphis. A pesar de recibir buenas críticas, "Radio city" pasó prácticamente desapercibido en las listas de ventas. Era el comienzo del fin.

Bonus
* Chris Bell participó en las primeras sesiones del álbum y colaboró con letra y música en dos canciones ("Oh my soul" y "Back of a car") pero no quiso participar en los créditos.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Discos: #1 record (Big Star, 1972)

En 1971 los caminos de Alex Chilton y Chris Bell se unieron para formar una de las bandas mas tristemente bellas de la historia del rock. Hablamos, claro, de Big Star.

Thirteen

Todo empezó en 1964, cuando unos Beatles de gira por Estados Unidos llegaron a Memphis. Entre el público había dos chicos de unos trece años, que a partir de esa noche cambiaron sus vidas para dedicarse a componer canciones como sus adorados Lennon y McCartney. Años más tarde, ya como Big Star, la dupla firmaría muchas de las canciones de su primer álbum como "Bell/ Chilton", repartiéndose el monopolio de la composición dentro del grupo. 
 
Grabado en 1972, "#1 record" marcó el debut y el comienzo de una carrera fugaz para los Big Star, con buenas críticas inciales pero boicoteada implícitamente por la  impericia de los ejecutivos del sello Ardent (subsidiario del prestigioso Stax, especializado en soul) para distribuirlos comercialmente. Segun cuentan las reseñas de la época, en Ardent no supieron "como vender" a estos chicos talentosos y anglófilos por elección  pero tan poco conectados con la atmósfera de su Tennessee natal (y del rock de comienzos de los 70´s en general).

Nuestro disco número uno

Luminoso, plagado de bellas armonías vocales (herencia Beatle, claro, pero también de la British Invasion de los 60´s en general, con los Who y los Kinks y reflejos autóctonos como Beach Boys y The Byrds) "#1 record" le suma a todas esas voces una dosis de energía eléctrica y de leve desborde rocanrolero que llevó al pop hacia otros terrenos.

La historia del rock lo llamaría "Power Pop", señalándole el camino a los futuros hijos célebres de la herencia: Teenage Fanclub, The Posies, Cheap Trick y los mismísmos R.E.M de sus comienzos, entre otros.

Y en apenas 37 minutos está contenido un universo pop vital, de ribetetes plenos, como pocas veces el rock volvió a ofrecer. El costado eternamente melancólico, como de "mundo perdido en la adolescencia" de los Big Star ya está presente en "The ballad of El Goodoo", saltando de allí a la absoluta perfección pop (pero ya no esa perfección Beatle "intocable" en sus formas sino una nueva, más terrenal y por eso más humana y parecida a todos nosotros) de "In the street". Hay que oír una y otra vez lo bien armada que está la canción, los juegos de guitarras, los puentes y coros. ¡Los coros! ¡Tendríamos que hablar una tarde entera de las voces de Big Star en cada canción!

Basada en la simpleza de las guitarras acústicas flota "Thirteen", tal vez la canción más hermosa que se haya escrito sobre adolescentes flechados para siempre por el rock ("Won't you tell your dad, "get off my back" / tell him what we said 'bout 'Paint It Black' /rock 'n roll is here to stay/ come inside where it's okay/ and I'll shake you". Alex Chilton tenía 22 años cuando escribió "Thirteen", intentando recuperar aquellos años de adolescencia. Eso se llama "melancolía", aquí y en todas partes.

El disco retoma su mejor forma con canciones que bien podrían resumir la fórmula del grupo: "When my baby´s beside me", controlada, perfectamente arreglada y la vuelta a terrenos agridulces (¿el aspecto más propiamente "Chris Bell" del grupo?) de "My life is right". En ese arranque vocal está concentrada toda esa fragilidad por lo que tenemos y esperamos no perder: "Once I walked a lonely road/ Had no one to share my love/ But then you came and showed the way/ And now I hope you're here to stay".

En el último tramo de #1 record están las canciones más quietas ("Try again", "Watch the sunrise") apenas armadas en torno a lo acústico. ¿Nuestra favorita? La brevedad de esa gema que es "ST 100/6".

Give me another chance

Mal distribuido por Stax/ Ardent, #1 record vendió apenas 4.000 discos, lo que comenzó a horadar la frágil autoestima de Chris Bell, que abandonó el grupo al poco tiempo. Su nombre ya no figuraría en los créditos de "Radio city"(1974) aunque su espíritu flotaría en la despedida de "Sister lovers" (1978). 

Y por supuesto, en su hermoso y accidentado disco solista "I am the cosmos", una de esas gemas ocultas durante muchísimos años en los pliegues de esta historia agridulce. 

jueves, 22 de abril de 2010

Discos: Wish you were here (Badfinger, 1974)

Género: esa gema poco conocida de los Badfinger. 

Todos conocemos más o menos la historia.

Badfinger fue la banda que lo tuvo todo para llegar a lo más alto, pero la mala suerte y el destino le jugaron repetidamente en contra. Para los detalles, cualquiera puede wilkipediar y enterarse de como vino la historia de este hermoso y malogrado grupo de rock. 

Lo cierto es que para 1974 esta banda formada en Gales a mediados de los 60´s ya había editado cinco álbumes y cosechado algunos éxitos tempranos, a caballito de su fichaje para Apple Records. Para muchos, Badfinger eran la cruza perfecta entre Beatles y Stones. Para otros, el primer mojón de lo que comunmente se entiende por "Power Pop".

Si bien en un principio "Wish you were here" cosechó críticas favorables, pronto fue sacado de circulación por un conflicto legal entre Warner Brothers y el manager del grupo. A partir de allí, el lp pasó a las sombras, esperando años para su reedición en cd.

Sin embargo, el tiempo nos permitiría reencontrar esta gema perdida de la historia del rock. 

El álbum comienza con bríos, a caballito de "Just a chance", un tema por el que pagarían fortunas todas las bandas de Hair Metal de los 80´s, sobre todo por la riqueza de sus melodías.

Cuánta riqueza armónica, cuánto talento para ensamblar esas voces. Entre los 17 y los 30 segundos, esos fraseos encapsulan todo el arsenal melódico del que disponía el cuarteto, además de ser un poco Hard Rock, otro poco de Power Pop. 

"You´re so fine", acerca el perfil más Folk Rock del grupo. Un mid tempo luminoso con impecables arreglos de guitarra y un bonito solo con slide. 

Le sigue uno de los momentos más emotivos del álbum: "Got to get out of here" nos recuerda un poco a las melodías de Chris Bell en Big Star: abiertas, rasgadas, con mucha concentración melódica. La letra refleja la asfixia y la necesidad, al mismo tiempo, de encontrar un lugar, un espacio propio:  "Baby, a man gets wise/ To running 'round in circles/ He ain't got no choice/ Only the fool survives/ Running 'round in circles/ Trying to make some noise/ Got no choice". Para luego agregar, con desencanto: "Well, I learned to live without face/ Learned to feed my soul/ I can learn the chords to right place/ Hang onto my own". 

"No one knows" retoma los bríos aunque en unos tonos menores que nos traen sensaciones más ambiguas, inclusive, amargas. Como dato curioso, en la sección media de la canción escuchamos unas palabras recitadas en japonés. El costado "McCartney" de asunto llega con la bella "Dennis", un tema cambiante y melancólico que cobra ritmo, mete coros y arreglos y se transforma en pura música. A los 3 minutos, la canción entra en una dimensión flotante de la que ya no regresará.

En el último tramo, el disco se le anima a los coqueteos sinfónico- progresivos en "In the meantime" y vuelve al reposo pastoral con "Love time".

La calma se extiende un poco más con la relajada "King of the load", con sus bonitas notas de teclados aquí y allá y el cierre del álbum es a toda orquesta con el doblete "Meanwhile Back at the Ranch" /"Should I Smoke".

Para 1975 la banda debería afrontar uno de sus tragos amargos con el suicidio de su guitarrista, Peter Ham.