lunes, 15 de abril de 2013

Shows: The Cure en River Plate, Buenos Aires, viernes 12 de abril



Basta medio arpegio de esas gloriosas guitarras al comienzo de “Lullaby”,  o el estallido de cristales que abren “Plainsong” para que -a la manera de la célebre madalena proustiana- toda una cadena de recuerdos se nos hagan presentes.
 
Y es que allí radica gran parte de la magia intacta de The Cure: un sonido monolítico, por momentos onírico, por otros pesadillesco y por qué no feliz, que viaja por nuestro inconsciente y activa otros tantos paisajes y memorias. Verlos en vivo no es asistir a un concierto. Es reactivar una ceremonia sensorial plena.
 
 
Por eso y por muchas otras cosas no es casual que nos hayamos encontrado tantos queridos amigos clase 73 y 74 en el show de River Plate. Con casi 40, allí estuvimos todos los que de alguna manera fuimos flechados por ese sonido allá en nuestros años de secundaria. Es más, esa sensibilidad compartida es la que en muchos casos nos hizo amigos, hasta hoy. Así que ¿cómo no celebrar un encuentro como este, en una noche de otoño tan especial?
 
Veintiséis años de espera desde la última visita del grupo valieron la pena. La recompensa fue suculenta. Los The Cure nos pasaron por arriba en más de tres horas de show y un recorrido que abarcó casi todos sus discos (sólo faltó “Bloodflowers”). Tal vez, el único punto criticable haya sido cierta dispersión en el playlist: un ida y vuelta entre densidad climática y bailoteos pop que hacían perder un poco el foco.
 
Pero arriba del escenario la banda es cosa seria. Hay que estar cerca,  oírlos y verlos muy bien. Apenas se miran. Saben todo lo que hay que hacer para recrear una vez más ese Sonido. Simon Gallup tocó toda la noche con gesto adusto, pegado a ese baterista frío como un témpano y preciso como un reloj que es Jason Cooper. A los costados, Reeves Gabrels nos hizo extrañar bastante a Porl Thompson (mucho más Cure en todo) y Roger O´Donnell aportó matices desde su sequedad casi estatuaria.
 
Arrancaron climáticos desde “Disintegration” (“Plainsong” y “Pictures of you” en orden, más “Lullaby”) para enseguida sacarse de encima un par de hits: “Just like heaven”, “High”, “In between days”. Un rato más tarde sacaron su chapa postpunk para repasar el canon de su trilogía básica: “Play for today” y “A forest” (monolítica, con psicodélicos árboles detrás, implacable) y esa gema de “Faith” que es “Primary”. En esos momentos, el tono oscuro ganó la partida con muchísima autoridad. Patada directa a la yugular y dientes apretados.
 
La gente de recitales en este comienzo del siglo XXI es un tema aparte. Si uno va como observador imparcial ahí puede ver toda la galería de trastornos de ansiedad juntos: los que mandan mensajitos todo el tiempo, los que parecen querer cobrarse en coros y estribillos y saltos descontrolados lo que pagaron de entrada, aún en temas inverosímiles (¿pogo en “One hundred years”? Como que no da ¿no? No hace falta). 
 
Pero la banda arriba del escenario atrae toda la atención. Robert Smith pareció soltarse a medida que avanzaba el show, y se divirtió especialmente en los momentos más pop bailando como un espantapájaros oxidado. En el segundo encore la banda armó una seguidilla - ahora sí deliciosa, por tratarse de gemas olvidadas- que incluyó mucho de la etapa “Japanese whispers”/ “The top”: “The Caterpillar”, “Lovecats”, “Let´s go to bed”, “Dressing up”. 
 
Otra tanda de bises pasó por el doble “Kiss me kiss me kiss me”, de 1987: “The kiss”, “If only tonight we could sleep” (“un tema que habla sobre la locura” según Smith) y la rescatada del olvido “Fight”. Y para el final, la banda volvió hacia atrás, hasta 1979, en uno de los mejores momentos de la noche con “Boys don´t cry” (Robert Smith parece abocado a rescatar el valor canción de los temas donde amerita hacerlo y los canta más melodiosos y flexibles) y la dupla final, inoxidable, con “10:15 Saturday night” y “Killing an arab”, recordándonos que el ADN de la banda siempre estuvo en el punk.
 
 
En ese último rescate se niveló una noche inolvidable de por sí, donde fuimos tocados por un hechizo colectivo y personal a la vez. Ese que nos hizo cantar a viva voz las mismas canciones que sonaban en nuestras habitaciones, en soledad. Nuca lo hicimos y no hace falta aclararlo, pero va a ser difícil, casi imposible, olvidar esta noche con los The Cure.

13 comentarios:

Langalay dijo...

Gracias por hacerme recordar el show. Una nota a la altura del soundtrack de la vida de muchos.

un abrazo.

Serginho dijo...

Excelente crónica, abrazo de Burguer! (?)

Mastrángelo dijo...

Impresionante. La verdad que fue un shock, y desde el campo noté el sonido muy nítido aunque se notaba que el viento estaba haciendo estragos.

Estoy tratando de hacer una reseña pero no me sale.

Saludos!!

Astilla Dominguez dijo...

Me pone feliz que lo hayas disfrutado, te lo merecés. Dado que no hacés mención al respecto, calculo que el sonido habrá sido aplastante. No serás Roberto Carlos con un millón de amigos pero 40 mil tenés, entonces. Y, por favor, ni hablemos del comportameniento del público en 2013: tristísimo.

Mastrángelo dijo...

Me tomo el atrevimiento de responderle a Astilla: al menos desde el campo, sonó nítido, en cuanto a volumen, de menor a mayor.

En cuanto al público... qué difícil describirlo. Hay un cambio generacional evidente, con sus usos y costumbres en las que se ve una continuidad pero algunas rupturas o conductas novedosas, como el evidente desdén por el disfrute.

Los chicos de 20/29 años crecieron con la información a un click: lo quieren todo y lo quieren YA, y gratis. No saben lo que es trabajar para conseguir algo, información, discos,... CAMINAR, bah. Y de un show pretenden que éste sea embotante, pero no en el sentido «noise», sino en cuanto al sentido festivo, como si toda banda debiera responder al paradigma de un Calle 13 o estas bandas uruguayas que me parecen TODAS HORRIBLES.

Pero también hay gente de otras generaciones que se acopla a esos nuevos comportamientos, lo que me parece más triste aún.

Lo de corear los riffs nunca me lo banqué, y en ese sentido toqué fondo en el recital de Depeche Mode en 2009. Acá medio que la música misma apagó esos intentos.

Langalay dijo...

Astilla querido, el público es público. no hace al espectaculo. Entender al público como parte del espectaculo es peligroso.

ultravivido dijo...

El playlist completo:

Plainsong
Pictures of You
Lullaby
High
The End of the World
Lovesong
Push
In Between Days
Just Like Heaven
From the Edge of the Deep Green Sea
Sleep When I'm Dead
Play for Today
A Forest
Primary
Bananafishbones
Charlotte Sometimes
The Walk
Mint Car
Friday I'm in Love
Doing the Unstuck
Trust
Want
Fascination Street
The Hungry Ghost
Wrong Number
One Hundred Years
Disintegration

Bis 1:
The Kiss
If Only Tonight We Could Sleep
Fight

Bis 2:
Dressing Up
The Lovecats
The Caterpillar
Close to Me
Hot Hot Hot!!!
Let's Go to Bed
Why Can't I Be You?
Boys Don't Cry
10:15 Saturday Night
Killing an Arab

NoFlash dijo...

EXCELENTE REVIEW! Me siento muy identificado con varios aspectos. Admito que mi emoción pre-show se debió a lo que exactamente se sostiene en uno de tus comentarios. Teniendo en cuenta que es algo más allá de un simple recital, dispara muchas "mixed emotions"; en lo que a mí respecta sentía que iba a asistir a un Festejo que, siendo un poco egoísta, era dedicado a las vivencias de más de 20 años con gente que estaba diseminada en ese entorno tan natural y ultravivido en numerosas ocasiones; un regalo que merecíamos tener después de tanto tiempo. Creo que es algo que iremos cayendo de a poco, me alegra haber sido parte de ésto.

Mocker dijo...

Muy buena critica del Show. Yo también estuve ahí presente. Combatiendole al frío pero disfrutando mucho de un recital del cual no nos podemos quejar porque toco todo! Es muy buena la apreciación que haces del público, pero eso lamentablemente sucede en todos los recitales de ahora y va a seguir sucediendo. Desde los que se quedan mirando una pantallita de celular para grabar una canción en vez de disfrutar el momento y así muchos ejemplos. Hubo un publico muy heterogéneo desde viejos fans que ya claro peinan canas hasta los típicos que solo van por uno o dos hits.
Dejemos de lado esto y vayamos al show, la verdad me sorprendieron para bien muchas de las canciones que toco que yo pensé que no lo haría, mucho de esto la etapa Post Punk y la verdad fue un gran gran recital que sera recordado.

Saludos!

ultravivido dijo...

Tal cual como dice No Flash, vamos cayendo de a poco...Gracias a todos por pasar y compartir sensaciones. Abrazos Curemaníacos

Astilla Dominguez dijo...

Ciertamente el público no hace el espectáculo pero si me condiciona. Obvio que en shows nacionales esto no sucede porque ese prototipo de densos no conocen de música más allá de sus propias narices. Salud!

Alberto dijo...

Es volver a vivir momentos compartidos, momentos solos, es música que nos acompañó en diferentes momentos. Es compartir amigos, tardes de escuchar "cassettes grabados", discos en el parque. Es volver a descubrir discos viejos y recordar la emoción al escuchar "el disco nuevo", aunque algunos ahora tengan más de 25 años. Es la excitación de un amigo que volvìa de "afuera" y traía algo que "acá no se consigue", en épocas en las que internet no formaba parte del vocabulario de todos. Es reencontrarse con viejos amigos, y también, con uno mismo.

ultravivido dijo...

Gracias Albert por pasar, abrazo!