jueves, 22 de enero de 2009

Discografias: Daniel Melero

En Ultravivido compartimos algunas notas sueltas sobre la discografía de Daniel Melero, uno de nuestros ídolos del rock nacional. 

Silencio (Los Encargados, 1985)


Todavía me acuerdo de estar escuchando un programa de Tom Luppo, una de esas noches oscuras de los ochentas en Buenos Aires, y que el tipo pasara “en vivo y en directo” un show de Los Encargados, si no me equivoco, en el Teatro Santa María. 

Me parecía algo casi de culto. Arrancaron ese show con “Sangre en el volcán”. Me acuerdo también de “Silencio” elegido como mejor disco del año en alguna de esas encuestas donde votaban músicos. Que raro ¿no? Hoy parece algo impensado que un grupo así pueda marcar tendencia en el pop argentino actual.

Aquel primer y único disco de  Los Encargados es algo así como un electro pop/dark. Es porteño, también. Siempre pensé que la música de Melero, en general, tiene mucho de Buenos Aires. Sobre todo- y aunque parezca paradójico- su costado electrónico.

En otros aspectos, acá ya aparece también el talento cancionístico de DM, en preciosas melodías que perduraron: Orbitando (uno de mis diez temas favoritos del rock nacional) Líneas, Trátame suavemente (nunca superada por ninguna versión de Cerati). La otra parte del disco es un synth pop por momentos cercano a Japan, por momentos a Ultravox. Algo de Eno, por supuesto, en esos soundscapes colados entre los temas. 

El ambiente general es oscuro, aunque no opresivo. Siempre imagino calles de madrugada, al escucharlo. Taxis de los ochentas. Radio FM.

Los Encargados eran un artefacto bastante raro. Look muy lejos del rock. En las fotos a contraluz blanco y negro de la tapa, los tres parecen ingenieros en computación, pero ni siquiera con el glamour glacial de unos Kraftwerk…¡Parecen egresados de la UTN! Habría que ver la sinergia que hacían con otras bandas de sonido oscuro de la época, llámese La Sobrecarga, mismo Fricción, o Duna. El dark importado de afuera. El modelo a lo The Cure, etc.

Con todo, “Silencio” es un disco que perdura. Se lo puede seguir escuchando. Hay buenos temas, y sacando las molestias provenientes de las “intenciones”, siento que varias canciones bien pueden ambientar hoy un paseo por Buenos Aires, una solitaria noche de enero.

Conga (1988) 

¿Qué hizo Melero entre el 85 y el 88, cuando salió su primer disco solista?

“Conga” está plagado de buenas canciones. De esas que todavía – y con justicia- Melero toca en vivo. De paso, hay que decirlo: cuánta injusticia (fogoneada por la estupidez de los medios) se cometió con el costado cancionero de Melero. ¿Durante cuántos años los suplementos de espectáculos vivieron de la falta de imaginación, repitiendo una y otra vez eso de “gurú del tecno local” reduciendo su talento solamente a eso?

De todos modos, Conga suena hoy demasiado 80´s. Hay algo en la producción que todavía tiende a cierta idea de “perfección de cuadro”, donde no queda demasiado espacio para que la música respire (un efecto muy de esa época). Suena como asfixiado, rígido, sin movimiento. Frío y glacial, dañando inclusive canciones que en el fondo son cálidas y cercanas.

Cámara (1991)

Alguna vez alguien me contó que este disco iba a ser otro. Que Melero estaba a full metido con una electrónica de remixes (muy de comienzos de década) y que terminó saliendo a la cancha con un disco menos difícil, más llano. 

Lo cierto es que “Cámara” es un disco cerrado y autista. Atemporal, pero en el sentido de que no mira ningún presente, ningún pasado y ningún futuro. Casi “acéptico”. En este aspecto (y sólo en este) me hace pensar un poco en otros dos discos de laboratorio, pura forma, como “Tin Drum” y “Takin tiger mountain”.

Acá están “Amor difícil” (un ensayo de pop perfecto en la línea Pet Shop Boys) “Ves el sol” (entre Manchester y el otoño porteño) y la perfección cerrada de “La forma del deseo”. Cerati en guitarras y un desconocido Diego Tuñon, futuro Babasónico en los créditos.

Colores Santos (1991)

¡El “Wrong way up” argentino!

Este disco tiene muchos temas buenos y en su época (hace 18 años!!!) era una especie de estandarte de “vanguardia”, de “lo que se venía”. 

Un Cerati como siempre afanando lo que escuchaba (acá es Ultra Vivid Scene) y un Melero que –sospechamos- es quien le da al disco esa pátina profunda y las texturas más interesantes. Sin embargo, con los años, sospechamos que la producción opacó un poco el vuelo de las canciones.

Recolección vacía (1992) 

Primero estuvo el casete “Colección vacía”, y después este libro- disco. 

El periodista/ teórico del rock Pablo Schanton “entrevistando” (editando) a un Melero que estaba creído en serio que podía ser el Eno argentino en eso de “teorizar” sobre la cultura rock desde un lugar de “no músico”. Algunas ideas estaban buenas (en su momento, claro). 

“Recolección vacía” fue tal vez mi primer disco de música electrónica. El que me hizo empezar a investigar y darme valor para romper ese prejuicio de “rock vs pop”, o “música tocada vs tecno” (donde “tecno” era un término cargado de negatividad). Por este disco conocí The Orb, buceé en discos viejos de Tangerine Dream y me compré “Music for films”. Entre otras cosas.

En aquel entonces el disco me encantaba. Me lo ponía en los auriculares y caminaba durante horas por Buenos Aires. Con su parte más up tempo y su fade en la segunda mitad, más volcado a lo ambient. Insisto: Melero siempre hizo música pensando en Buenos Aires. Estos tracks están llenos de calles céntricas de madrugada, de ecos, de torres, del Bajo y de campanarios. 

Travesti (1994) 

Éste es tal vez mi disco favorito de Daniel Melero. 

Más allá de gustos, veo claramente que es su primer disco con la guardia baja, sin tanto histrionismo ni exhibicionismo tecnológico. 

Es el disco donde empieza a bajar los decibeles de su cabeza tecnificada para encontrarse y hacer las paces, no solo con el aspecto “canción”, sino con su propio pasado como oyente de discos, sobre todo, de rock nacional (Almendra, Aquelarre, etc)

Hay como una cosa de “fogón”, muy cálida, que sobrevuela el ambiente. El esqueleto central del disco son las guitarras acústicas, aunque varias canciones se apoyan en un soporte electrónico, muy sutil, para desplazarse. Entre esas tonalidades se mueve el disco, que siempre me cautivó por su audio cálido y envolvente (Amazona, Libertad, La Sed son altos momentos de una música completa).

Operación escuchar (1995) 

Después del impresionismo otoñal de “Travesti”, DM optó por grabar una música casi al borde del silencio. Por lejos, su experimento ambient más intenso y profundo.

Minimalismo blanco. Y una música que siempre me remitió a hospitales. A salas de emergencia a altas horas de la madrugada. Y nuevamente la “ciudad”. Operación escuchar es un disco extremo de un artista que- como explicaba en las breves liner del booklet- estaba buscando en la supresión de sí mismo una voluntad de desaparecer.  

Rocío (1996) 

El pequeño disco elegante.

“Rocío” está entre la bossa, el lounge y los ambientes de diseño. Licores y viejos equipos hi- fi.

Tal vez, su talón de Aquiles sea ese recorrido demasiado armado, demasiado pensado. Deja poca libertad para la escucha, de tan perfecto que está diseñado. Es, definitivamente, un objeto "arty". Todo está pensado para el oyente, para su comodidad. Campanitas acá, algo de bossa desperfecta, algo de cristales distantes, luego una canción, y así.

En algún punto es un disco melancólico. Y otra vez, muy Buenos Aires. Creo que alguna vez le escuché decir a Melero que este es su disco favorito.

Piano (1999)

Con “Travesti” primero y con “Piano” cinco años más tarde, Melero comenzó a preocuparse un poco más por cuestiones de armonía y otros aspectos vinculados a la cocina de las canciones. Y menos por la sofisticación sonora. 

No hay mucho para decir de Piano, más allá de que saca a la luz la belleza intimista de muchas canciones, incluidas algunas que nunca habíamos decodificado como canciones (tal el caso de Habitantes, o Planeta Agua).

Piano es un poco el continuador de ese ambiente lounge comenzado en Rocío, aunque aquí el valor confesional y emotivo de las canciones es mayor. Está mas presente el cantante, el compositor, aunque sea bajo la forma de revisión de sus canciones.

Versiones favoritas: No dejes que llueva, Descansa en mis brazos, Trátame suavemente y la nueva, Dejaré que el tiempo me alcance.  

Tecno (2000) 

Lo molesto de Tecno fue tener que soportar el discurso de Melero contando que se había bajado todos los instrumentos en programas conseguidos de internet, que “cualquiera podía hacerlo” y bla bla bla. ¿A quién le importa, Dani?

Pero el disco está bueno. No se si “entero” (se cae un poco por insistencia en el sonido, muy igual a lo largo de todos los tracks) pero tiene altos momentos de música. Reescuchándolo hace poco confirmé que Melero- pese a que siempre se encaprichó en querer presentarse como “no músico”- es un artista de un oído finísimo para hacer música. Siempre supo armar, ambientar y arreglar música en el mejor y más amplio sentido de la palabra.

Veo a Tecno como un disco hermanado con “Silencio”. Hay algunas cosas de sonido que los emparentan. Y están esa cosas de ubicación espacio temporal remota. Me encantó cuando una vez leí que “Caricias” parece la cortina musical de un noticiero de 1984. Hay varios pasajes del disco que remiten a esa época, pero sin precisarlo demasiado.

Disco de movimiento, de viaje, también. Varios temas (Hormigas, Camino infinito, Lobos) parecen invitarnos a la ruta, al viaje nocturno.

Vaquero (2001)

Nunca vamos a saber qué quiso hacer M. con este disco. ¿Otro “disco- gesto”, otro manifiesto demasiado expuesto en sus intenciones?

Vaquero contiene algunas canciones del todo cursis, pero sobre todo aburridas, sin demasiado brillo. Así y todo está “El mundo será nuevo”, que me encanta. Y alguna que otra. El resto, letras sobre la muerte, orquestaciones sin demasiada inventiva. Y una producción limpia, FM, como de cantante melódico de los 80. Una incógnita. 

Después (2004)

No escuché la versión full de “5 cds”, pero con lo que entrega el cd estándar me conformo. “Después”, por primera vez, creo, entrega a un Melero finalmente relajado, sin tener que demostrar ni enseñar ninguna postura provocativa. Está todo lo que siempre supo hacer bien, y en buena forma. Hay bonitas canciones, ambientes, climas y fondos para dejarse llevar.

Sin tensiones, sin “teoría” (iba a escribir "sólo música" pero todos sabemos que tal purismo no existe). Podemos cantar con "Amor en pie" (perfección pop) y "Besar". Ponernos oscuros con "Mágico" y arrastrar la noche un poco más allá con el devenir de "Sin respuestas".

Acuanauta (2006) 

Ultima entrega a la fecha, en la veta ambient. Creo que es un disco ofrecido por internet. No agrega mucho, salvo que es otro ejercicio más estrictamente sonoro, que lo emparenta con Recolección Vacía y Operación escuchar.

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