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domingo, 9 de diciembre de 2012

Libros: As though I had wings/ The lost memoir (Chet Baker)

Miren lo que cuenta Chet Baker sobre Charlie Parker: "durante los descansos lo llevaba en mi coche a un puesto donde vendían tacos, ahí se zampaba media docena con salsa verde. Le encantaban. Otras veces, por la tarde, íbamos hasta la playa o recorríamos la costa por Palos Verdes y San Pedro. Bird se acercaba a los acantilados y miraba el mar a lo lejos, o se fijaba como rompían las olas ahí abajo durante más de media hora".

Las historias que se cuentan en "Como si tuviera alas: las memorias perdidas" tienen esa liviandad que inmediatamente nos remite a la forma etérea, casi entre algodones, que tenía Chet para tocar su  trompeta. Aunque los temas sean -en muchos casos- sencillamente escabrosos.

De hecho, el 70% de estas memorias (que la esposa de Baker, Carol, recopiló con los años) se refieren a drogas, dealers, noches en prisión y centros de rehabilitación. Casi de manera monotemática, fiel al ritmo de vida de yonqui que su marido llevó toda su vida. De música, hay poco y nada (los sucesivos encuentros con Parker, Gerry Mulingan y Stan Getz, su filosofía "menos es más" al tocar, alguna que otra gira...).



Otro fragmento: "después del primer festival de Comblain La Tour me fui a Italia. Empecé a usar Jetrium, un producto farmacéutico alemán que se podía conseguir sin receta. Tomaba un avión de Milán a Munich y viajaba sin equipaje; me llenaba los bolsillos del abrigo con Jetrium inyectable (de doble potencia, 13,5 miligramos por centímietro cúbico); luego volvía en avión a Italia. El Jetrium era lo más parecido al caballo que he conocido en mi vida, pero enseguida desarrollé una considerable resistencia al producto, ya que había empezado a inyectarme entre 1.000 y 1.200 miligramos al día. Estaba hecho polvo”.

Ese es el tono de "As though I had wings", que va recopilando retazos de una vida casi como si Baker los hubiera escrito al pasar, en una noche de buena disposición y con honestidad 100% brutal.

Los musicólogos y fanáticos, desde ya, no esperen detalles de grabaciones, ni fechas precisas. Tampoco teorías sobre el estilo o el sonido de Chet en la trompeta (para eso, los que saben, recomiendan meterse en "Deep in a Dream", subtitulada "La larga noche de Chet Baker", escrita por James Gavin).

Estas son las memorias agridulces y descarnadas de un hombre que -tal como reza la solapa del libro- vivió "para hacer tres cosas: tocar música, drogarse y amar a las mujeres".

"Como si tuviera alas", editado por Mondadori, 1999.

viernes, 25 de mayo de 2012

Libros: Eramos unos niños ("Just kids"). Patti Smith, 2010.

Durante las vacaciones leí "Just kids", las memorias que Patti Smith publicó en 2010 sobre sus primeros años en New York junto al fotógrafo Robert Mapplethorpe.

El libro me atrapó de comienzo a fin, me encantó. Lo que comienza como una tierna biografía de años iniciáticos (y traumada adolescencia) da paso al núcleo central del libro: los primeros años en la Gran Manzana alrededor de 1966, el encuentro con Mapplethorpe y el acceso a ese "Mundo de las Mil Maravillas" que fue para Patti el Chelsea Hotel de la calle 23, en New York.

¿Qué aprendimos sober Patti Smith leyendo "Eramos unos niños"? Que toda su vida estuvo guiada por su amor al arte, en varias líneas, pero sobre todo, en lo relacionado a la poesía (Rimbaud y Jean Genet son los "faros" que siempre la iluminaron). También, que fue siempre una gran detallista (es una delicia leer sus minuciosos comentarios sobre qué prenda tenía puesta en tal año tal personaje, o de qué color era el collar persa que le regaló Mapplethorpe al comienzo de su relación). También aprendimos que su ímpetu por encontrar nuevas formas de comunicar su poesía la fue llevando, casi sin querer, al mundo del rock.

En ese sentido, fue una revelación saber que antes de ser quien hoy todos conocemos, Patti fue probando y fallando, encontrando y perdiendo la inspiración y el rumbo. Viviendo, en definitiva, un largo proceso de maduración artística. No siempre los artistas nacen con su rumbo claro y definido ni saben sobre qué materia van a aplicar lo que quieren decir.

Lejos de esas autobiografías que se nota que fueron encargadas a ghost writers, "Just kids" parece escrito de puño y letra por su narradora. En ese sentido, la prosa peca en algunos pasajes de "exceso de poetización", además de rozar un poco la autoindulgencia con los personajes que participan. Pero lo que cuenta es tan interesante y está tan lleno de amor por la vida, que puede más que el estilo.

Promediando el libro, nos damos cuenta que, en realidad, "Just kids" narra una historia de amor entre musa y artista, donde esos roles -como bien aclara Patti- usualmente se intercambiaban. También estamos ante el relato de las ansias por llegar al reconocimiento. Ese reconocimiento que a mediados de los 70 le llega primero a Smith al frente de su banda, grabando "Horses" (la anécdota de cómo Mapplethorpe sacó la foto de tapa es simplemente hermosa).

Hay otros momentos inolvidables: la conversación entre Patti y Jimi Hendrix, en una escalera cercana a un escenario. Una despechada y deprimida Janis Joplin. La noche en la que -mientras Patti cantaba- apareció un espectral Bob Dylan (otro de sus grandes faros de inspiración). El viaje espiritual que Patti hace a Francia para visitar la ciudad natal de Arthur Rimbaud. Y sobre el final, como telón de tristeza, las muertes de Andy Warhol (bajo una New York nevada como sus cabellos) y de Mapplethorpe, de SIDA, en 1989.

Absolutamente recomendable, para saber cómo se formó artísticamente esa heroína beat y punk que es Patti Smith. Y para espiar, al menos por un ratito, la alocada vida de New York a comienzos de los 70, con epicentro en el círculo Warhol (The Factory, Max Kansa´s City) y el mítico Chelsea Hotel.