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miércoles, 10 de agosto de 2011

Discos: No joke! (Meat Puppets, 1995)

Qué buena banda los Meat Puppets

Formados en 1980 en Phoenix (Arizona) por los hermanos Chris y Curt Kirkwood, el grupo editó media docena de álbumes en la veta punk para el sello seminal SST Records. Cuando podían, metían elementos psicodélicos y folk ("Up on the sun", 1985) pero siempre manteniendo ese approach básico.

En 1991 se pasaron a una escudería mayor (London Records) y en 1993 saltaron a la fama -como todos sabemos- cuando Kurt Cobain flasheó con ellos como teloneros de Black Flag y los invitó a tocar tres temas en el antológico "Unplugged in New York"

Así las cosas (y observados ahora por el "ojo mainstream") los Puppets no se amilanaron. En 1994 editaron su mejor disco (el fantástico "Too high to die") y en 1995, un año después, otro gran álbum: "No joke!". Producidos nuevamente por Paul Leary, la banda siguió puliendo esa combinación perfecta entre riffs memorables, adrenalina  y melodías prístinas, ensambladas a la perfección por las voces de los hermanos Kirkwood. Talentosos para la canción y para la dinámica de guitarras. Para la melodía y la energía dosificada con maestría.

El disco arranca enrevesado con "Scum" y se pone denso e insistente con "Nothing": vúmetros en rojo y melodías inolvidables, en la cima de la cristalindad pop cruzada con lo sucio del Grunge. A años luz en talento armónico comparados con sus contemporáneos, los Puppets fueron una especie de Beatles del Grunge, cruzados con el Folk  vía The Byrds y hasta guiños Power Pop.

Costado "canciones agridulces": "Taste of the sun", "Chemical garden", la hermosísima canción montañesa "Vampires", las dinámicas acústicas/ eléctricas (otra faceta que siempre manejaron a la perfección) de "For free"...muchos temas buenos de verdad. ¿Momentos más intensos? Gran, gran riff para "Sweet ammonia" (tal vez lo mejor del disco) y vértigo punk rock en "Cobbler" e "Inflatable" (los dos temas que aportó Chris Kirkwood, todos los demás pertenecen a Curt).

En fin, un disco lleno de buenos momentos, energético y plagado de melodías a la vez.

Luego de separarse en 2002, los Meat Puppets volvieron a juntarse en 2006 y siguieron editando discos. 

Meat Puppets 
Chris Kirkwood, Curt Kirkwood, Derrick Bostrom.

jueves, 29 de abril de 2010

Discos: Too high to die (Meat Puppets, 1994)


Género: una de las gemas tapadas del Grunge

Opacados por los "tanques" del Grunge (Pearl Jam, Soundgarden, Nirvana y demás) los Meat Puppets pasaron prácticamente desapercibidos en su momento.

Hasta que en 1993, la varita mágica se acordó de ellos y gracias a la convocatoria de su "fan" Kurt Cobain compartieron escenario con Nirvana en la grabación del MTV Unplugged. Fue la noche del 18 de noviembre de 1993, en los estudios Sony Music de New York.

Formados en Phoenix, Arizona, a comienzos de los 80, los Meat Puppets tejieron una carrera silenciosa y fértil, aunque como dijimos, bastante pasada por alto. Luego de varios discos grabados para sellos pequeños (se recomiendan "Meat Puppets II" y "Up in the sun") la banda firmó para London Records, donde en 1994 grabó su mejor álbum: Too high to die. Un disco plagado de altos momentos de guitarras, excelentes melodías y temas inteligentes y a la vez, memorables.

El fuego se abre con los riffs pesados de "Violet eyes" y ya la fórmula está allí: distorsión, buenas guitarras y mucho trabajo vocal y armónico (algo especialmente llamativo para un grupo americano de ése período). Hay más para intentar descifrar esa fórmula: la "suavidad" o "sutileza" para orquestar e inclusive rockear, aún tratándose de una música densa, altamente electrificada. A diferencia de otros grupos más "toscos" del período Grunge, los Meat Puppets siempre mostaron un costado delicado. Una forma astuta de combinar fuerza con belleza.

"Never to be found" muestra el costado más amable del grupo. Guitarras limpias y una melodía entrañable. Sin embargo, hacia el final el tema se va "pudriendo" hasta terminar en un ordenado crescendo de distorsión. A continuación, uno de los "highlights" del álbum: la poderosa "We don´t exist" lo tiene todo; grandes riffs (con "machaque" y todo) y mucha melodía. Basta escuchar atentamente la entradas a las estrofas, los puentes y la caída del estribillo (ese "Cayenneee..." ¡por Dios!) para confirmar el talento de los hermanos Kirkwood haciendo música.

La acústica "Severed goddes hand" baja los decibeles y "Flaming heart" presenta una intensidad controlada y al grupo extrayendo toda la miel posible de esas melodías. ¿Unos grunge de corazón Beatle, los Meat Puppets? El tema está arreglado y seguido hasta el final, hasta la última gota. 

Ese primer tramo del disco es imbatible, y en la segunda mitad tal vez sobren algunos temas. Vicios de la "era del CD". Lo que no quiere decir que la segunda parte no tenga sus altísimos momentos: el disco se vuelve a enfocar con el hit "Backwater", un tema menor que sin embargo resume el ADN sonoro de los Puppets. 

Llegan entonces las canciones más melancólicas. "Things" es pura tristeza en tonos menores ("Over is the game/ captured have you been/ ageless is the end") hablando en términos de resquemor y arrepentimiento. Hacia el final tenemos una de las mejores canciones del disco: "Evil love", con una atmósfera lejana y una melodía entrañable. ¡Cuánto talento pop! (aunque el envoltorio sea más o menos "rockero": eso, en el fondo, no importa). Para el final, el grupo se despacha con su propia reversión de "Lake of fire", aparecido originalmente en Meat Puppets II (1984).

Bonus
Vale la pena recordarlo. Aquella noche de 1993, un Cobain con su clásico saquito de lana invitó a Chris y Curt Kirkwood para tocar juntos "Plateau", "Oh me" y "Lake of fire", en uno de los momentos más especiales de aquel "Unplugged in NY".