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miércoles, 16 de marzo de 2011

Discos: The sensual world (Kate Bush, 1989)

En 1989  Kate Bush cerró la década con otra obra maestra.

Producido por ella misma y grabado a lo largo de dos años en Inglaterra e Irlanda, "The sensual world" fue el sucesor de esa otra masterpiece -ya reseñada aquí en UVVD- que fue "Hounds of love".

Menos histriónico e inquieto estilísticamente, "The sensual world" mantuvo la marca de nuestra Dama Británica allá arriba, en la cima de sus poderes creativos (y los del pop en general). Una Artista en pleno dominio de su loca burbuja de canciones y sonidos.

La inspiración literaria le dio a Kate la idea de transponer al monólogo de Molly Bloom (en el Ulises joyceano) a "The sensual world", el tema. De ahí los exquisitos (¡y orgásmicos!) "Mmm...yes" que van puntuando la canción. Los colores los agrega la rica instrumentación irlandesa y griega -omnipresentes en todo el álbum- como el Bouzouki. 

Disco de colaboraciones, David Gilmour pulsa las seis cuerdas en la energética "Love and anger". Hay que escuchar esos tremendos y voladores coros a cargo de Kate y su hermano, el multinstrumentista Paddy. Desde siempre, en la construcción de esos detalles brilló la orfebrería sonora de K.B. 

Abierta a explorar aspectos autobiográficos, Kate puso en la figura de un amable e imaginario "Dr. Bush" la voz de su padre para esa bella mini sinfonía sobre crecer y el miedo a la pérdida que es "The fog".

Aunque la más íntima de las contemplaciones del mundo tiene lugar en la superlativa "Deeper understanding". El Trío Bulgarka -otra de las colaboraciones estelares- aporta sus voces aquí para espejar coros y arreglos vocales. En la canción, el narrador se refugia en la soledad de una habitación, solo con su ordenador ("A medida que la gente se vuelve más fría/ yo me vuelvo a mi computadora" canta) y desde ese lugar nos termina pidiendo ese "profundo entendimiento" del título. 

Hay más momentos para esta contemplación otoñal que sugiere "The sensual world" (un disco que -dicho sea de paso- siempre nos pareció dialogar en sus fotogramas más oscuros y acuáticos con su contemporáneo "Disintegration").

"Never be mine" es todo lo sofisticadamente pop y "radiable" que puede ser la música de Kate Bush y la última palabra, antes del final, la tiene la conmovedora "This woman´s work". Una voz, un piano y unas melodías tejidas en el momento más profundo de la noche.

Kate Bush- discografía cercana
Hounds of love (1985)- The sensual world (1989)- The red shoes (1993).

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Discos: Hounds of love (Kate Bush, 1985)

Género: obra maestra de la Dama Británica 

Uno

Con los años, la figura de Kate Bush parece crecer. Como si los años expandieran su luminosidad, su influjo.

A veces pienso que para todas aquellas chicas que están comenzando a hacer música desde una perspectiva personal, íntima y que respete las exigencias de su propia libertad, la imagen y la obra de Bush son insoslayables. Más que Madonna, o cualquier otra estrella pop que transite por lugares seguros y conocidos.

En ese sentido, Kate es el faro que alumbrará por siempre a las raras. 

En esa tradición de Twisted girls hubo algunos eslabones intermedios, que incluyen a Tori Amos y más acá a Bjork, que de alguna manera revitalizó y monopolizó la corriente a mediados de los 90´s. Pero antes de todas ellas, ya en los oscuros ochentas, estuvo esta sofisticada Dama Británica sembrando en soledad. Y así llegamos hasta hoy, donde encontramos un rebrote de sus influencias en chicas como Natasha Khan (Bat for Lashes), Annie Clarks (St. Vincent) y hasta en Regina Spektor, al menos en su costado más relajado y de cámara.

En todo caso, la maravilla de Kate Bush es la de una artista bastándose (y abasteciéndose) a sí misma. Su universo musical es el del genio loco en su laboratorio. Allí, uno se la puede imaginar con sus artefactos, teclados y sonidos; lidiando con esos polirritmos y polifonías de voces que le resuenan todo el tiempo en la cabeza, armando algo que siempre se elevará sobre la media de la música pop ordinaria.

Y en el corazón de su música, sus obsesiones de gnomos, de historias medievales; figuras ensoñadas y relatos épicos, todo mezclado con sus propias ideas sobre la soledad, el amor y el aislamiento creativo del mundo.

Dos

 
"Hounds of love"-
el quinto disco de Kate- es un experimento pop de cámara notable. Un disco que bajo su superficie oculta una batalla (nunca resuelta del todo) entre agitación y calma, entre aspectos percusivos y momentos relajados. El orden que encuentra es único y absolutamente original.

Y es que en algún punto, los discos de Bush comparten cierta tensión con los de John Cale: clasicismo y vanguardia pelean por la supremacía. Presentan momentos pop dentro del cánon, pero todo peligra en un instante, con un arrebato iconoclasta. Como oyentes, en ninguno de los dos casos estamos del todo seguros.


Presentada como una suite en dos partes, "Hounds of love" funciona como un gabinete de curiosidades del “universo Bush”. En la primera mitad, los temas  pop más "directos" , incluidos los cuatro singles que cortó el álbum. “Running up that hill (a deal with God)” no dejará nunca de producirnos extrañas e inclasificables emociones con su enigma sonoro. Una maravilla superlativa del pop de todos los tiempos. Aquí Kate nos invita, casi nos suplica: “C´mon angel, c´mon darling/ let me steal this moment from you know/ let´s exchange the experience”.

"
Hounds of love” (el tema) ya presenta esa cosa percusiva y tribal que sobrevuela todo el álbum, enganchandose con “The big sky” y su declaración de principios (“I´m looking at the Big Sky/ you never understood me/ you never really tried”). A partir del minuto y medio la canción suma partes percusivas, voces y trepa en energía hasta la polifonía final. Es el tramo más energético del álbum.

La relajada “Mother stands for comfort” maneja climas al estilo del Eno de los 70 (¿Kate es la manifestación pop de Eno, su verdadera discípula pop?) y esa primera parte cierra con “Cloudbusting” y sus cuerdas de marcha clásica. Al escucharla, queremos que ese “I just know that something good is going to happen” dure para siempre.  



La segunda parte del álbum (“The ninth wave”) trata sobre la historia de una mujer perdida en el océano durante una noche. Aquí el disco gana en  experimentación y presenta una estructura más fragmentada.

La energía inicial cede ante pasajes casi de cámara y de una belleza suprema, como el comienzo al piano de Kate en “And dream of sheep”. Un momento autónomo del disco: apenas 2 minutos, 45 segundos que podrían sostener y detener el tiempo por sí mismos.

A partir de allí la frontera entre canciones se borra un poco y predomina el concepto de collage: voces, cuerdas, grabaciones, se disputan premacía. El tramo menos ortodoxo dentro de un disco -ya de por sí- poco ortodoxo. “Waking the witch” (la “Revolution 9” del álbum) indica el punto álgido de la experimentación.

La calma vuelve con “Watching you without me” donde el narrador manifiesta una y otra vez la imposibilidad de ser escuchado.
En el tramo final, las gaitas tribales abren “Jig of life”, mientras que Hello earth” nos vuelve a traer a la Kate más íntima, al piano, saludando maravillada los fenómenos estelares en plena noche: “All you sailors/ all life- savers/ all you cruisers/ all you fishermen/ head for home/ go to sleep little earth/ i was there at the birth”. Es uno de los momentos más profundos, bellos y distantes, a la vez, de todo el álbum. En dos ocasiones, la música se interrumpe en un vacío espacial donde todo queda flotando por varios segundos.


El cierre del disco es con “The morning fog” (y siguen las referencias a la naturaleza y a los fenómenos que están allí para maravillarnos y que no solemos captar). Una pequeña gema atemporal de voces que se responden a sí mismas hasta desvanecerse, apenas dos minutos y medio después.

Y nosotros volvemos a confirmar que pocos artistas en ningún otro momento de la historia del rock llegaron hasta estos sitios inexplorados, salvo Madame Bush. 

Bonus
 

* Para "Hounds of love" Kate se rodeó de colaboradores habituales: Stuart Eliott y Charlie Morgan, en batería; Del Palmer en bajo y Paddy Bush en violines, balalaika y coros. Ella tocó piano, fairligh y por supuesto, canta, doblando sus propias voces.
* Para esta época, Bush construyó un estudio propio cerca de su casa, donde produjo ella misma el disco.
* En 2002, la Q Magazine colocó a "Hounds of love" en el tercer puesto entre los mejores discos de una artista femenina de todos los tiempos.

martes, 30 de junio de 2009

Top Five: discos para mañanas de invierno

1.- Deserter´s songs, Mercury Rev (V2 Records, 1998)
Para mañanas. Y para tardes. Y para cuando oscurece y las luces de la ciudad se encienden. También una casa en el bosque. O un viaje en tren. Algo cálido y espiritual en las canciones, que siguen siempre adelante. Tantas veces nos hizo compañía, el mejor de Mercury R.

2.- Music for films, Eno (EG, 1978)
Más mañanas con sol. Rebotes de luz en una habitación. Volví a este, mi primer disco de Eno, después de mucho tiempo. Sigue siendo evocativo y cálido. Piezas cortas en sintetizador. La expresión de una distancia.

3.- Excuses for travellers, Mojave 3 (4AD/Ada, 2000)
Lento y amable. Ideal para ir empezando el día de a poco. Un disco capaz de dibujarnos una sonrisa imperceptible pero duradera.


4.- Petgrief, The Radio Dept (Labrador, 2006)
Climático y ensoñado, Petgrief enfoca hacia amplitudes abiertas (¿el campo?) con sus tonos y arpegios. Mi favorito, sin embargo, es el primer disco de los suecos, Lesser matters.

5.- Never for ever, Kate Bush (Capitol, 1980)
Hace poco descubrí este disco perdido de Kate. Matinal. Diáfano. Para quedarse todo el día tarareando All we ever look for y su pequeña música de cámara.