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sábado, 27 de julio de 2013

Cambio de oídos: tres discos

Tres discos me influyeron -alrededor de mis 20 años- para empezar a escuchar música electrónica. Escucharlos fue abrir una puerta a una serie de sonidos,  y sobre todo, a una forma nueva de escuchar. Menos pendiente de la canción y más atento a la generación de climas, paisajes y repeticiones. 

El Big Bang  fue "Recolección vacía", de Daniel Melero (1993). Entre pseudo teorías y su tracklist orientado al Techno Ambient, Melero tiraba varias citas de grupos y solistas por los que estaba influido.

El disco en sí me obsesionó durante un largo tiempo (y literalmente lo gasté en los auriculares, andando por Buenos Aires) pero mejor que eso, funcionó como disparador, como árbol de citas y ramificaciones. Esa música empezó a dialogar con muchas otras, hacia atrás y hacia adelante en la historia del rock. Cambió, definitivamente, mi modo de escuchar.

Por "Recolección vacía" llegué a The Orb, a los que agarré en su segundo disco "U.F. Orb" (1992). Los veía como unos Pink Floyd de los 90, sobre todo por el concepto de banda, de formación grupal (por lo general son más comunes los solistas con nombres fantasma en el rubro electrónica).

A la distancia "U.F. Orb" no es mi disco favorito de ellos (me vuelco más por "Pomme fritz" u "Orblivion") pero éste fue seminal. Recuerdo dejarlo correr a alto volumen, con la casa vacía, a ver qué pasaba.


El tercer disco de esta saga fue "Screamadellica" (1991). Temporalmente llegó antes que "Recolección vacía" y su influencia fue distinta: me ayudó a pensar en las posibilidades que una banda de rock podía alcanzar metiéndose en terrenos hasta entonces "ajenos" como el House, el Ambient o el Dub.

Mucho se ha escrito sobre este disco de los Primal, pero en 1991 era realmente asombroso. Y todavía suena.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Discos: Pomme fritz (The Orb, 1994)

De las muchas metamorfosis de los británicos The Orb, "Pomme fritz" es una de las favoritas de la mansión Ultravivido. Al menos, cuando entra en su modalidad Techno Ambient.

Y es que este "pequeño álbum" grabado para el sello Island (en realidad, un EP dedicado a la gastronomía) todavía sigue hablando nuevas lenguas sin agotarse. Continúa abriendo fronteras, dejándonos librados a nuevas aventuras sonoras (desde siempre, el secreto de la mejor música Ambient).

Editado en 1994 después del descomunal artificio que fue "UF.Orb" y el doble en vivo "Live 93", "Pomme fritz" pareció liberar barreras rítmicas y las estructuras entre temas. De ahí su secreto: las fronteras son difusas, y como oyentes nos perdemos en el interior de estos fantásticos 41 minutos.

Los aires Dub de "Pomme fritz (Meat ´n veg)" nos meten suavemente en ambiente, pero a partir de "More gills less fishcakes" el clima empieza a enrarecerse con silencios, espacios de dudas, sonidos inciertos que parecen remitir al seminal Eno- Byrne de 1981.

Para "We´re pastie to be grill you" ya no sabemos si estamos ante un ejército de extraterrestres desbocados o ante duendecillos con ataque de verborragia. Toneladas de extraños samplers pasan de canal en canal, ruidos atmosféricos, alucinaciones sin origen preciso. Para no ahogarse en semejante abstracción sonora, el disco recupera espacios de música más "convencional", si se quiere, a la altura de "Bang´er n´chips" (una flotación noctámbula magistral) y la interespacial "Alles ist schoen".

Island pareció bastante decepcionada con este primer trabajo de los The Orb para el sello y Alex Paterson los acusó de "no entenderlo". Al año siguiente el grupo grabaría el expansivo "Orbus Terrarum" y en 1997 otro gran álbum, "Orblivion". Hasta allí, los años dorados de los capitanes más inspirados de la electrónica de los 90.

The Orb 1994
Alex Paterson, Kris Weston. 

sábado, 5 de septiembre de 2009

In ORBit

Este disco de The Orb es otro MUST a la hora de mi propio chill out de los sábados a la tarde. O "el día después" de haber pasado música. Cuando los oídos agradecen una música capaz de hacernos iniciar el suave descenso (o ascenso, en este caso) a un estado de placer y relax.

Me refiero a Orblivion (Polygram, 1997), un disco que escuché muchísimo con los años y que para mí tiene la envidiable cualidad de hacerte perder adentro. Uno no sabe nunca por dónde va ni cuánto falta, ni en qué tema está.

Un álbum algo perdido en la discografía de The Orb, ninguneado, tal vez, entre obras maestras como U.F. Orb (1992) o Pomme fritz (1994).