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sábado, 17 de diciembre de 2011

Discos: Ocean rain (Echo and the Bunnymen, 1984)

An album cover showing four men in a rowing boat inside a blue lit sea cave. Two men are stood side-by-side at the back of the boat each holding an oar, the third man is sat in the centre of the boat and the fourth is leaning over the front of the boat with his hand in the water. The band's name is in the top-left of the cover and the album's name is in the top-right, both in white text.En algún punto es lógico que de sus cuatro primeros discos, "Ocean rain" siga sacando todos los números para ser considerada la "masterpiece" de los Echo and The Bunnymen.

Sacando su tono general algo sobrecargado de dramatismo, el disco tiene grandes canciones.  De esas que de tan buenas superan inclusive la pretenciosidad de cualquier idea.

Además, claro, "Ocean rain" construye un escenario para mostrarlas. Un cuento fantástico y nocturno, con mares y vientos que azotan, marineros y lunas asesinas que terminan embriagándonos. En eso- y en la suma de tantos pasajes musicalmente exquisitos, superlativos- los de Liverpool grabaron, sí, un disco inigualable.

Paris je t´aime

Para 1983 los Bunnymen estaban en el pico de su éxito en Inglaterra. Prensa y público los adoraban tras la edición de "Porcupine". Agotado por las giras, el grupo decidió trasladarse a París en busca de inspiración. Por empezar, hallaron un lugar de trabajo de ensueños en el Studio des Dames, una vieja sala de grabación en la vieja escuela, llena de aparatos en desuso, largas escaleras y sótanos y operarios de guardapolvo que sabían hacer su  trabajo.

A París fueron, además, tras la estela de Scott Walker y Jacques Brel, dos de las inspiraciones más fuertes de aquel período. La otra fueron las orquestaciones que el grupo californiano Love había grabado para su disco clásico de 1967 "Forever changes". Algo así querían los de McCulloch para su nuevo álbum.

Pero fue la vida parisina la que los enamoró e inspiró definitivamente. Y la que tiñó con su romanticismo el aura de "Ocean rain". "Parábamos en un hotel a unas pocas millas del estudio" cuenta Will Sergeant en las liner notes de la Deluxe Edition. "Les (Pattinson) y yo habíamos llevado nuestras bicis. Nos levantábamos temprano esas mañanas de otoño y hacíamos siempre un camino diferente para llegar al estudio".

"Fue un tiempo mágico" sigue recordando Will. "Teníamos visiones románticas de Tom Verlaine bajando por las escaleras de Montmartre con un libro de poesía de su héroe Paul Verlaine en el bolsillo, el aliento a Absenta en su boca... Fuimos a Père- Lachaise a decirle ´hola´a Jim y a Oscar...Nos sentíamos como si fuéramos la respuesta de Liverpool a los Monkees o los Beatles en ´Hard´s day night´. París se habia convertido en nuestro segundo hogar". En resumen, los planetas se habían alineado para que el grupo grabara ese disco "totalmente diferente a lo que se había hecho hasta entonces".

Yendo al álbum, "Ocean rain" fue el fruto de París, desde ya, y del sonido que el grupo logró en Des Dames (resultado, según cuenta Sergeant, de unos aparatos especiales, muy viejos, que utilizaron allí) y por supuesto, de la propia inspiración de un grupo en la cima de su juego. En las sesiones echaron mano de todo lo "vintage" que encontraron en Des Dames: desde celestes y glockenspiel hasta marimbas y viejos amplificadores. También recurrieron a los arreglos orquestales de Adam Peters, clave en el flavour final.

En la primera mitad el grupo combina canciones redondas ("Silver", "Crystal days") con algunos pasajes de experimentación más derivativos (la densa y cinematográfica "Nocturnal me", "Thorn of crowns" con sus raras escalas del Este y demenciales chirridos de la guitarra de Sergeant).

En la segunda mitad, el grupo roza lo celestial con las canciones como centro. Por empezar, "Killing moon" parece flotar indefinidamente en un limbo romántico incierto, lejano. El solo perfecto de Sergeant, las escobillas de De Freitas crepitando junto a las cuerdas. Y ese final largo, interminable. Paradójicamente, el clímax de la canción.

Según McCulloch, "Killing moon" "es simple y hermosa. Es profunda, pero no está vestida como una cancion de amor sino como una sobre la predestinación". "El personaje central -sigue Mac- es el capitán del barco y la canción tiene ese movimiento, esa tensión de la navegación en cada línea. La clave está en el estribillo. Yo estaba verdadermente enamorado de París".

En el último tramo están esas otras gemas inigualables: la perfección pop de "Seven seas" y sus campanas, el ritmo sincopado de "My kingdom" y finalmente "Ocean rain", con toda su imaginería marítima, su clima orquestal, su crescendo sobre el final. La hermosa cubierta- diseñada por Martyn Atkins- contó nuevamente con la fotografía de Brian Griffin, cerrando el ciclo de imágenes de los Bunnymen en sitios naturales de sus cuatro primeros álbumes.

La Deluxe Edition lanzada en 2008 por el sello Rhino incluye un segundo disco con un potente show en el Royal Albert Hall en julio de 1983.

Bonus
Gracias a Sergito Langalay por prestarme la "Deluxe Edition", invalorable por sus notas internas.

Echo and The Bunnymen 1983
Ian McCulloch, Pete de Freitas, Les Pattinson, Will Sergeant.

Los cuatro primeros lps
Crocodiles (1980) Heaven up here (1981) Porcupine (1983) Ocean rain (1984).

viernes, 5 de agosto de 2011

Discos: Evergreen (Echo and The Bunnymen, 1997)

Género: el buen regreso de los Bunnymen de 1997

Diez años después de separarse, los Echo and The Bunnymen (tal vez la mejor banda del post punk inglés de comienzos de los 80) volvieron a reunirse y a editar disco para iniciar su segunda etapa de carrera, que sigue hasta hoy.

Nunca los regresos son buenos (sobre todo si el pasado fue de gloria) pero "Evergreen" sorprendió. Es cierto: ya no estaba el filo corrosivo y psicodélico de los grandes discos de los de Liverpool como "Heaven up here" o "Porcupine", pero cierto impulso vital todavía podía sentirse en el aire. Los Bunnymen volvían por sus laureles con actitud y prestancia. 

Reducidos ahora a trío por la muerte del baterista Pete de Freitas, el grupo buscó apoyo en algunos músicos jóvenes para completar el line up en estudio y la gira posterior. La otra novedad fue el vuelco a un formato, si se quiere, más pop y orientado a las canciones. Conociendo mínimamente la arrogancia de McCulloch y compañía no es difícil adivinar allí una afrenta a esos jovencitos que osaron robarle la corona en el podio del imperio británico. Para muestra, hay que rendirse ante la perfección pop de "Nothing lasts forever", en la veta de "Wondewall" aunque menos vulgar y con un pequeño agregado: la colosal voz dorada del mejor cantante de su generación. "¿Vieron? Nosotros también podemos hacer canciones" parece ser el mensaje. 

"Don´t let it get you down" y "I want to be there (when you come)" suenan convincentes y "Evergreen" - el highlight del álbum- recupera el filo y la angularidad que siempre hicieron grandes a los Bunnymen. Lo mejor de la vieja escuela (esas guitarras punzantes y "arabescas" de Sergeant, la nasalidad rockera de McCulloch) llevan el tema allá arriba en intensidad y vértigo. El resto del set no desentona, con buenos temas entre la balada ("I´ll fly tonight", la enigmática "Empire state halo", "Forgiven") y mid tempos frescos, con la misma concentración melódica y ese coqueteo distante y elegante con el pop que exhibe todo el álbum ("Too young to kneel", "Baseball hill").

Echo and the Bunnymen 1997
Ian McCulloch- Will Sergeant- Les Pattinson

Discografía cercana
Reverberation (1990)- Evergreen (1997)- What Are You Going to Do with Your Life? (1999).

miércoles, 29 de junio de 2011

Discos: Mysterio (Ian McCulloch, 1992)

Luego del melancólico debut solista de "Candleland" en 1989 -marcado por la pérdida de su padre- el ex Echo and The Bunnymen Ian McCulloch se tomó algunos años para retomar su carrera solista. 

Más ecléctico estilísticamente, más rico en lo musical,  "Mysterio" fue editado el 17 de marzo de 1992.  Y si bien es cierto que a nivel compositivo no aparece la cohesión del debut, aquí la variedad hace al gusto.

Repasemos: "Pomegranate" e "In my head" recuperan el filo guitarrístico de los mejores Bunnymen. La segunda, allá por el final del set, a puro arreglos, partes y crescendos. Cinco minutos de la vieja gloria.

Los elegantes aires europeístas del álbum tiñen varios pasajes. "Dug for love" coquetea con pulsos electrónicos, al igual que la exquisita versión que Mac hace aquí de "Lover lover lover" de Leonard Cohen circa "New skin for the old ceremony". Uno de esos encuentros mágicos entre Musa y Voz, en una versión que bien podría ser definitiva.

Entre algunos números de relleno (el pop saltarín de "Close your eyes", la olvidable "Damnation") aparecen algunas perlitas más: "Magical world" abre el disco con autoridad, en un tema redondo, inoxidable y "Webbed" nos trae la gran voz dorada de Ian en su faceta más cálida y melanco.

Casi al final nos despedimos con la hiper cocteautwinseana "Heaven´s gate", con la colaboración (al igual que en "Candleland") de la angelical Elizabeth Fraser. Sutil, ahí detrás de Mac, como flotando entre las nubes. 

Produjeron Mark Saunders, Henry Priestman y Robin Guthrie.

Ian McCulloch- discografía
Candleland (1989)- Mysterio (1992)- Slideling (2003).

martes, 18 de agosto de 2009

Discos: Echo and the Bunnymen (1987)

Uno
A menudo bastante maltratado por la prensa -y hasta por el propio grupo- Echo and the Bunnymen marcó el fin de una etapa dorada para el cuarteto de Liverpool.

Dos muertes (la de su baterista Pete de Freitas y la del padre de Ian Mc Culloch) junto con innumerables problemas internos (ego wars mediante) le pusieron fin a una etapa superlativa del grupo: la que coronaron rascacielos estilísticos como Heaven up here (1981) Porcupine (1982) y Ocean rain (1983). Y por qué no, éste "Echo and the Bunnymen".

Dos
El disco emergió de un proceso bastante tortuoso: a las idas y venidas de De Freitas (cuya salud mental tambaleaba por entonces) se sumaban las cantidades industriales de alcohol ingeridas por McCulloch, amén de su insostenible tratamiento de rockstar. Según cuenta la leyenda, una cohorte de adulones lo seguía a todos lados, cumpliendo sus deseos. "Vivía en un planeta propio, distinto al del grupo" admitió el propio Mac.

Las sesiones de grabación, finalmente, tuvieron lugar en Colonia, Londres, Bruselas y Liverpool. La producción también generó disputas en el interior del grupo: tras cambios y alejamientos decidieron trabajar con Laurie Latham (otrora productora de los Stranglers) pero su trabajo dejó básicamente descontentos a los Bunnymen. La acusaron de "sobreproducir" el disco y llenarlo de capas y capas de teclados. "Todavía hoy suena como la mierda" sentenció hace algunos años Mc Culloch, mientras que les Pattinson optó por el más elegante "me gustan los temas, pero no las mezclas".

Tres
Y sin embargo, ahí está el Grey Album de 1987.

Un disco "menor" de aquel primer período, pero sólo si se lo compara con los grandes álbumes que ya mencionamos. Un disco que pese a todas las críticas, logra sostenerse en sus propios términos y con armas nobles. Sólido de comienzo a fin.

Dos canciones forman tándem al comienzo, The Game y Over you. Altamente melodiosas, forman un momento contundentemente pop. Bien vistas, por cualquiera de estas melodías pagaría oro hoy Chris Martin.

Bedbugs & ballyhoo nos traía a los Bunnymen más retorcidos de la época dorada, con un funk muy rico instrumentalmente (incluido el destacado solo de piano a cargo de Ray Manzarek, quien dicho sea de paso, alguna vez se declaró fan de la banda de Liverpool). Más adelante tenemos el vértigo psicodélico de All in your mind y la exquisita y nostálgica Bombers bay.

La segunda mitad (siempre pensamos en términos de lps de la era vinilo) volvía al pop con el mayor "hit" (muy entre comillas, por cierto) en toda la carrera de los Bunnymen, Lips like sugar. Un tema que muchos desprevenidos más de una vez habrán confundido con U2. Sin embargo el tema tiene "su" momento con el solo de tintes arabescos del gran Will Sergeant.

New direction es otro de los puntos altos de Echo and the Bunnymen; un up tempo vertiginoso, que nunca descansa y Blue blue ocean empieza a despedir el álbum con su nota de piano melancólico.


Bonus personal

* Todavía conservo mi edición en vinilo de Echo and the Bunnymen comprada en el 1988 en la disquería Abraxas de Buenos Aires. Mi receta: ideal para días nublados. Un disco para caminar con auriculares por Liverpool o Buenos Aires.


* Recuerdo unas frías mañanas de invierno, escuchando Bombers Bay antes de salir para el colegio, sintiendo que una canción así me podía acompañar el resto del día. Eso fue hace...¡veinte años! Cuánta nostalgia.

* También recuerdo mirar durante largos minutos esa foto de tapa, con los increíbles peinados de los Bunnymen en la foto de Anton Corbijn. Tengo esa imagen de ellos tocando con ese mismo look en la terraza de la HMV de Londres haciendo Twist and shouts.

Echo and the Bunnymen 1987
Ian McCulloch (voice) Will Sergeant (guitars) Les Pattinson (bass) Pete de Freitas (drums). 

lunes, 20 de abril de 2009

Discos: Candleland (Ian McCulloch, 1989)

Dos pérdidas importantes influyeron en la música y las letras del primer álbum solista de Ian McCulloch, luego de la separación de los Echo and The Bunnymen

Por un lado, la muerte de su padre (a quien dedicó "Candleland") y por el otro la del baterista de los Bunnymen, Pete de Freitas. Estas pérdidas, sumadas a la separación de la gran banda de Liverpool enmarcaron el fin de una etapa.

En este contexto, el cantante inició una carrera solista que retomaría esporádicamente en los 90´s y que más adelante (ya en los 00´s) alternaría con la vuelta a las giras y los discos de su banda de toda la vida.

Musicalmente, "Candleland" dibuja un paisaje de tonos grises como los de su portada. Aunque de interiores cálidos, entrañables. La instrumentación aquí es austera y funcional, con capas de teclados, algunas guitarras y una intermitencia entre baterías orgánicas y unas pocas y oportunas máquinas. Y está, claro, la eterna "voz dorada" de McCulloch como estrella especial. Aunque lejos del registro lunático al frente de los Bunnymen; aquí su voz suena funcional a la melancolía que irradian las canciones.

Un pop otoñal, minimalista, entonces, define los temas. "The flickering wall" parece un rezago del último lp -hasta entonces- de los Bunnymen (1987) y "Proud to fall" es tristona y cantable. 

"The cape" y "Faith and healing" incorporan sutiles pulsos dance y "Candleland" (el tema) nos trae a una angelical Liz Fraser- de los Cocteau Twins- en coros. Una canción perfecta. En la segunda mitad el disco se pone todavía más melancólico con el vals "I know you well" (cuerdas incluidas) y el responso/ deseo de un recomienzo que  trae "Start again".

Fiel a su título, este "Candleland" sigue alumbrando detrás de las ventanas en noches otoñales. Diez canciones curativas que se cuelan a la perfección en tardes de introspección y melancolía.

La carrera solista de McCulloch
Candleland (1989)- Mysterio (1992)- Slideling (2003).