martes, 20 de marzo de 2012

Discos: Faded seaside glamour (Delays, 2003)

Estos días lluviosos en Buenos Aires pueden ser una buena ocasión para volver a escuchar a los británicos Delays. ¿El disco? Su debut de 2003, "Faded seaside glamour".

Que nadie espere la gran revolución del grupo de los hermanos Gilbert. Oriundos de Southampton y teloneros, en su momento, de los Manic Street Preachers y Franz Ferdinand, su sonido es una cruza aproximada entre The La´s, Suede y los Manics más etéreos. Amables, de grandes armonías, pegados a la tradición de los arpegios y las melodías cristalinas del Dream Pop.

Su lp debut tiene varias perlitas y algunos temas que redondean un set aceptable. Entre las primeras, están las oleadas circulares de "Wanderlust" y "Nearer than heaven" (el primer single que editó el cuarteto) y la escalada de la exquisita "Long time coming". ¿Dos más? Los falsetes de Greg Gilbert levantan "You wear the sun". Y pegadita, promediando el set, tenemos la cita prestada a los The La´s al comienzo de la monumental "Hey girl". Para subir el volumen y desentumecer el día nublado.

"Faded seaside glamour" alcanzó  el puesto 17 en la lista de álbumes británicos. Luego de un buen segundo disco ("You see colours", 2006) los Delays editaron dos lps, aunque poco a poco se perdieron de vista.

Delays
Greg Gilbert, Colin Fox, Rowly, Aaron Gilbert.

jueves, 15 de marzo de 2012

Discos: Wish (The Cure, 1992)

¿Como superar una obra maestra como "Disintegration"? Robert Smith se debe haber hecho la misma pregunta terminando los 80. 

En ese sentido, "Wish" fue un poco el disco con el que The Cure entró de lleno en la nueva década: mayor colorido y plasticidad, lejos de la monumentalidad monoclimática de su predecesor (y de los 80 en general).  Tal vez incluya, además, algún que otro guiño, desde la producción, al disco "faro" de aquellos años, "Achtung baby".

Sin embargo, la vieja escuela psicodélica y retorcida de Smith y cía. todavía mostraba su filo. Esta vez, bajo la forma de un cadeidoscopio pop diverso. Y con la multipolaridad emocional marca registrada de la casa a flor de piel. Los estados de ánimo, aquí, pasan de un extremo a otro con sólo cambiar de track.

En "Wish", en resumen, hay un poco de todo lo que The Cure siempre supo hacer bien.  

"Open" es un clásico tema de apertura de sus discos (en la línea histórica de "Shake dog shake", "The kiss". "One hundred years" y "Want", entre otros). Denso, arrastrado. La letra se mete en la cabeza de alguien famoso durante una fiesta: los acosos, las falsas amistades que la noche te propone. Todo, desde ya, bajo la óptica alucinada de Smith y juegos de guitarras endemoniados.  

Haciendo gala de esa bipolaridad que hablábamos sigue "High", liviana y celestial, flotando entre nubes (¿se acuerdan del video, con los Cure volando en barriletes?). Otro de esos singles donde Robert Smith siempre demostró su maestría para la factura pop.

Como en la perfecta "A letter to Elise", o esa otra maravilla que es "To wish impossible things". Los arreglos de viola -a cargo de Kate Wilkinson- le dan al tema un tinte otoñal y melancólico entrañable.

Pero hay más. En los tramos más oscuros la banda suena densa y elástica a la vez. Como en el Tour de Force "From the edge of the deep green sea" (una de esas catarsis poético/ literarias de Smith de largo aliento), la vertiginosa "Cut", o la pesadilla paranoica de "End". En estos tramos se notaba que la banda había recuperado, también, su amor por las guitarras densas.

¿El último gran disco de The Cure? Por lo pronto, fue el último con el guitarrista Porl Thompson y el baterista Boris Williams, dos pilares de la formación clásica del grupo en la segunda mitad de los 80. "Wish" fue presentado en una extensa gira mundial, documentada en dos discos en vivo: "Show" y "Paris".

The Cure 1992 

Robert Smith, Simon Gallup, Boris Williams, Perry Bamonte, Porl Thompson.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los videos de cumpleaños de Ultravivido

Qué mejor que empezar tu cumpleaños con videos de tus grupos favoritos. Algunos, en versiones un tanto extrañas:


















martes, 13 de marzo de 2012

Discos: Sometime anywhere (The Church, 1994)

Algunos podrán decir "los The Church son aburridos". En Ultravivido, en cambio, los vemos como pacientes orfebres de una música de tonos grises, intimista. Y de discos que se fueron colando a lo largo de los años en nuestro inconciente musical más íntimo y solitario.

Música para la más exquisita melancolía. 

En 1994, los australianos tuvieron su propio cisma tras el alejamiento del guitarrista y fundador del grupo, Peter Koopes, y el baterista Jay Dee Daugherty. Reducidos ahora a dúo, Marty Willson-Piper y Steve Kilbey grabaron el que bien podría ser su propio Pet Sounds, "Sometime anywhere". Un lp doble,  expansivo y de inspiración psicodélica que los encontró ampliando el abanico de estilos y sonidos.

Hay varios momentos notables. "Lost my touch" y "Loveblind" forman un pasaje cohesionado, ahí al comienzo del set, incorporando máquinas al habitual susurro de voces y guitarras marca registrada de la casa. "My little problem" recupera la época de "Starfish" y "Gold afternoon fix", mientras que "The maven" y "Fly home" anticipan el rumbo que el grupo tomaría en los siguientes años, menos apegado a las canciones y más cerca del cuelgue y la jam psicodélica.

El grupo encuentra otro gran momento entre "Business woman" (de exquisitas melodías cantables) y "Authority", cerrando el álbum con la atmosférica y circular "The dead man´s dream". "Sometime anywhere": un disco variado e intenso de los australianos. Lleno de buenos momentos con su sello de fábrica.

The Church 1994
Marty Willson-Piper, Steve Kilbey.

Discografía cercana
Priest: aura (1992)- Sometime anywhere (1994)- Magician among the spirits (1996). 

sábado, 10 de marzo de 2012

Soul Basics: Vulnerable, Marvin Gaye (1997)

Otra gema perdida del gran Marvin.

Es probable que algunos melómanos de ley conozcan la historia.

Desde sus inicios como "Príncipe de Motown", Marvin Gaye tuvo el sueño de hacer un álbum enteramente dedicado a las baladas, al estilo de sus ídolos Sinatra o Nat King Cole. Pero sus hits tempranos en el sello de Berry Gordy ("Pride and joy""Can I get a witness", "Ain´t that peculiar") lo llevaron por la senda del pop y el R&B y tuvo que postergar su anhelo.

Así y todo, en 1967 Marvin convocó al arreglador Bobby Scott para que orquestara alguna de esas baladas. Scott cuenta que Marvin le hablaba de esas canciones "como si de ellas dependiera su vida". Las sesiones iniciales tuvieron lugar en enero de aquel año en New York, pero ni Scott ni Gaye quedaron felices con los resultados. "Emocionalmente -contó Marvin- yo no estaba preparado para cantar esos temas. Necesitaba vivir más, sufrir más".

1968 lo encontró subido al éxito de "I heard it through the grapevine" y el proyecto quedó archivado. Luego vino el salto cualitativo de "What´s going on", sus tormentosa vida sentimental -disco "de divorcio" ("Here my dear", su otra gema oculta por años) incluido- hasta que en 1977, diez años después, decidió retomar aquel viejo sueño.

Cuando David Ritz (tal vez el mejor biógrafo de Marvin: escribió el insoslayable "Divided soul: the life or Marvin Gaye" y co-escribió la letra de "Sexual healing") lo escuchó volver a interpretar aquellas canciones sólo al piano, no lo podía creer. Marvin las había estudiado al detalle durante diez largos años. De vuelta al estudio, superpuso su voz en varias capas, un rasgo de estilo a esa altura habitual en él.

Ahora, el dolor de las canciones era el propio, fruto de una vida transitada entre el exceso, la culpa y la auto expiación. Estaba listo para grabarlas. 

Con idas y vueltas- acusaciones cruzadas con Gordy mediante- aquel viejo sueño recién vio la luz como álbum muchos años más tarde y de forma póstuma. Gracias a un par de ejecutivos de Motown, las tomas que Marvin había hecho en distintas etapas fueron salvadas y editadas. Como resultado, en abril de 1997 el sello editó "Vulnerable". Un disco-primo lejano (por anhelo, por compromiso existencial) de aquel "Lady in satin", de Billie Holiday.

¿Y qué versión de Marvin Gaye encontramos en "Vulnerable"? Sin lugar a dudas, la del crooner. Revestido con orquesta de cuerdas y afelpado por un sonido clásico. Sin embargo, la estrella -como en sus grandes discos- vuelve a ser esa voz, doblada al infinito y paladeando cada palabra, cada frase.

Las canciones: standards más o menos clásicos, según los casos, del smooth jazz y el Soul. La apertura casi pastoral de "Why did I choose you", el vacío seco de Marvin apenas pronunciando esos "I love you" una, dos veces, al comienzo de "She needs me". Música de las altas esferas, para la alta trasnoche. Extática y perfecta.

Las jazzeadas "Funny (not much)" y "This will make you laugh" le dan el toque de levedad adecuado al set, que vuelve a la opacidad en "The shadow of your smile", antes del final con "I won´t cry anymore".

La última y perdida gema de Marvin Gaye. Celestial. E invulnerable.

viernes, 9 de marzo de 2012

Shows: Javier Martínez en La Perla de Once (viernes 2 de marzo 2012)

Por Sebastián Adúriz

Del mismo modo que el blues de Chicago tiene su pub de Buddy Guy y el jazz de New York su sótano en Blue Note, es posible que Buenos Aires esté constituyendo un espacio parecido para el rock nacional, el otro género que la identifica junto con el tango.

El viernes 2 de marzo tuve esa sensación cuando fui a escuchar a Javier Martínez, el baterista de Manal, la banda pionera de esa versión argentina de R&B parecida a Cream. Martínez tocó en la Perla del Once, la pizzería legendaria donde solían reunirse los pioneros del rock nacional.

Para quienes no lo saben –pienso sobre todo en los lectores de Ultravívido del otro lado del océano- la Perla es lo que acá se conoce como una pizzería de gallegos (sí, la comida italiana en Buenos Aires puede ser cosa de españoles).  Además de pizza, en estos locales, amplios y luminosos, generalmente localizados en esquinas, hay mozos de saco negro o bordó, menús forrados en cuero, cervezas en botellas servidas con platos de maníes. 

Salvo un par de excepciones céntricas y a diferencia de lo que sucede en otros lados del mundo, el mostrador es de metal o fórmica y suele apilar platos en lugar de comensales. Y una cosa más: en las pizzerías de gallegos no hay música; hay televisores pegados a la pared clavados en canales deportivos o de noticias. Los porteños las usamos a toda hora y muchas veces para salidas casuales del fin de semana.

En la Perla, entonces, desde hace más de un año según me enteré, todos los fines de semana vienen teniendo lugar presentaciones roqueras. Que yo sepa no hay antecedentes que estas dos potencias de la porteñidad– el rock nacional y la pizzería- hayan comulgado de un modo  tan estrecho.

Hard rock pizza

En el caso del recital de Javier Martínez la mezcla funcionó de mil maravillas. Frente a un público heterogéneo (roqueros de morral, sesentones con pinta de ex hippies o de oficinistas, veinteañeros detrás de la leyenda) agrupado en mesas de Stellas y grandes de jamón, el baterista ofreció un show  intenso, ejecutado con solvencia y, en muchos momentos, emocionante.

Al frente de un trío integrado por el guitarrista Maxi DelliCarpini y el bajista Hector Actis, Martínez hizo una recorrida por su repertorio y versionó temas de Manal y de su etapa solista. Todas las canciones sonaron frescas, tanto porque estaban revisitadas –la versión de "No Pibe" levemente acelerada y funkeada paga por sí sola la entrada- o porque sencillamente estaban tocadas y cantadas con ganas. De hecho, en algún momento de la noche, Javier hizo mención a la satisfacción que sentía por lo que denominó esta etapa de su carrera.


Se notó. Temas clásicos como "Avenida Rivadavia", "Avellaneda Blues", "Una casa con diez pinos" – la más pedida de la noche- y otros más recientes como "Corrientes" o "Sol del Sur" se revelaron en plenitud expresiva en la voz ronca y grave de Javier, todavía capaz de alcanzar, para arriba y para abajo, registros notables.

Y también hubo lugar, hablando de su voz, para alguno que otro parlamento de esos que inevitablemente están asociados a las apariciones de Martínez. Entre tema y tema abundaron explicaciones sobre el efecto de la endorfina en las personas, citas de Goethe o  Mirtha Legrand –“lo único verdadero es el artista y su público”-, y algún enojo mal masticado sobre, por ejemplo, las figuras que formaron parte del Bicentenario. Nada que haya empañado el disfrute de escuchar en vivo uno de los mejores repertorios del rock sudamericano.

Un repertorio que configura un estilo en sí mismo y que, a mi modo de ver, se lo asocia excesivamente con el blues. Hay blues, sí. Pero también está el soul áspero de Memphis y más al sur, el R&B de los años sesenta, el rock duro, y, por supuesto, el tango, que hasta tuvo presencia en una versión swingeada de "Por la Vuelta". Todo mezclado a la argentina.

En rigor, me sentí afortunado de haber estado ahí para disfrutar la combinación y ser parte de la experiencia. Una experiencia que, insisto, en ese entorno, resultó inesperadamente representativa de la ciudad de Buenos Aires. Que siga habiendo hard rock pizza, entonces.

Hagan la prueba. Martínez tiene fecha para tocar el próximo 30 de marzo. Búsquense un par de amigos  y acomódense temprano en una de las mesas con la cerveza, los maníes y la fugazeta. Difícil que la ciudad de detrás de las ventanas del local - con su basura mal recogida  y sus personajes deambulando- tenga a alguien mejor que Martínez para que la describa y la celebre, así como es.

Coda

El show tuvo un momento intensísimo cuando Pajarito Zaguri subió como invitado al escenario. De jogging y remera roja, con la voz enronquecida, entonó salvajemente las estrofas  de "Natural", de Tanguito. A mitad del tema se bajó del escenario con ganas de irse y Martínez, después de tocar un par de estrofas sin su presencia, lo volvió a convocar:

—Dale, Pájaro, volvé— Zaguri obedeció, repitió las estrofas y se fue.

A los pocos días, lo encontré del modo más casual caminando, con el mismo jogging, por las Av. Maipú de Olivos. Lo paré y lo felicité por su actuación del viernes anterior. Ah, bueno, gracias me contestó y siguió caminando. Cosas que, misteriosamente, pasan.

jueves, 8 de marzo de 2012

Bonus: los 13 discos favoritos de Mozz



En este link, Morrissey elige sus trece lps favoritos de todos los tiempos.

Desfilan Nico, Jeff Buckley, Ramones, Sparks y Roxy Music, entre otros.

lunes, 5 de marzo de 2012

Shows: Morrissey en GEBA (Buenos Aires, 4 de marzo)

Morrissey en el Club GEBA, Buenos Aires, 4 de marzo de 2012.

Qué raro que es escuchar las canciones de tu adolescencia más solitaria coreadas por miles de personas. Esas canciones que nos acompañaban a la salida del colegio secundario. Y qué raro que es verlo a él ahí, con todos estos años a cuestas y sin embargo -cual Dorian Gray- cada vez mas joven. O más joven que su propio retrato, que colgó en el escenario durante los primeros 5, 6 temas, en pose soñadora.

Anoche vimos a Morrissey en Buenos Aires. Y los rostros de los amigos irradiaban felicidad cuando el show terminó. Empapados de sudor, cantamos y quismos estar -como todos en la multitud que copó GEBA- cerca de él. Para tocarlo, para tirarle un beso, para llevarnos algo de su encanto. Un show apabullantemente británico. Soberbiamente Imperial. Porque hay que decirlo: pocas cosas son tan quintaesencialmente Brit como Morrissey. Ni los pequeños deslices demagógicos (Malvinas y aledaños) pudieron opacar la soberbia compositiva de tantas buenas canciones.

Y qué suerte que nunca se haya "aggiornado".Que nunca se haya colgado de modas pasajeras para pintarrajear su música. Los músicos de su banda (con Boz Boorer como estandarte musical y estético) parecen cortados siempre por la misma tijera: 0 virtuosisimo, 10 en expresividad y en potencia para sostener las canciones. Su banda actual suena ajustada y con mucha pista encima.

Sin entrar en demasiados detalles, sólo vamos a decir que Steven Patrick tiró toda la carne al asador de entrada, con una seguidilla que incluyó "First of the gang to die", "You have killed me", "You´re the one for me, fatty", "There´s a light that never goes out" y "Everyday is like sunday", sin respiro.

Más adelante hubo otras gemas: la españolizada "When last I spoke to Carol", una impresionante versión de "Meat is murder", "Ouija board, ouija board", "I know it´s over" y la bella (y algo olvidada) "Alma maters". Sobre el final, poderosa, "How soon is now" y un único bis con "One day goodbye will be farewell". ¡Hasta la vuelta Mozz!

viernes, 2 de marzo de 2012

Discos: Give out but don´t give up (Primal Scream, 1994)

Los chicos blancos escoceses juegan a ser negros. Y de a ratos les sale.

En 1991 los Primal Scream cambiaron las reglas del juego con "Screamadelica", su obra maestra. Y terminando la década, en 1997, volvieron a sacudir el tablero con la dupla "Vanishing point"/ "XTRMNTR".

En el medio, tuvieron un fugaz romance con la cultura americana, donde coquetearon con el Soul, el R&B y el Funk. Astutos, contrataron los servicios de George Drakoulias (productor dúctil detrás de ese brillante sonido en los mejores discos de Black Crowes y The Jayhawks) y se aliaron con George Clinton para pulir el costado funk de la cosa.

"Give out but don´t give up", su disco de 1994, registró esa aventura. Algo dispar en sus resultados, el álbum se reparte según influencias. "Jailbird" y "Rocks" no están mal, aunque huelen a rock versión AOR, apenas correctos pero rendidores. 

La otra veta viene por el lado de esas zapadas funk-espaciales ("Struttin´", "Funky jam", "Give out but don´t give up") en las que los Primal corren suerte diversa, de acuerdo a la transpiración valvular que alcanzan. Parece que tener groove no es para cualquiera.

Cuando visitan el costado Soul, sin embargo, encuentran buenos momentos. Rodeados de un sonido brillante de bronces, platillos y exquisitos coros (a cargo de Jackie Johnson, Susan Marshall y la impactante Denise Johnson) el grupo logra vestirse dignamente con ropas negras. Flotan exquisitamente en "Free"(espaciosa y llena de lujuria en la voz de Denise) blusean en estado casi gospel en "Sad and blue" y entregan un clásico inmediato para las FM de sábado a la noche con "Cry myself blind". Gran momento.

Sola, en el medio del set, "Big jet plane" se sostiene con sus propios méritos. Simplemente como una buena canción, un refinamiento de lo que podría ser un mid tempo Stone de los 70´s. 

Si andás en busca de un disco rendidor para bares, pubs y sábados a la noche, acá hay un clásico.

Primal Scream - discografía caercana
Screamadelica (1991) Give out but don´t give up (1994) Vanishing point (1997).

martes, 28 de febrero de 2012

Discos: Tin drum (Japan, 1981)

En 1981 los synthpopers Japan se despidieron con "Tin drum", su último disco de estudio.

Editado en noviembre de aquel año, todavía llama la atención que este álbum de experimentación aséptica -casi "gélida"- sobre sintetizadores y pasajes abstractos cortara cinco singles. Entre ellos, el número 5 en Inglaterra "Ghosts". Furor del Synth Pop aparte, cuesta creer que el mercado haya estado en algún momento preparado para "leer" masivamente en esta música que hoy entendemos como "de vanguardia".

Porque en algún punto "Tin drum" parece formar parte de esa estirpe de "discos- laboratorio" (el primero que se me viene a la mente es "Taking tiger mountain (by strategy)", de Eno): albumes de apariencia fría, sin punto referencial fijo. Música "acerca de nada". Tal vez por estas mismas cualidades sea que a "Tin drum" se pueda volver tan asiduamente. Un disco de esos para escuchar de mañana, cuando los oídos necesitan ir despegando de a poco.

Profundizando el trabajo rítmico que ya venían mostrando en "Gentlemen take polaroids", los Japan siguieron mixturando aquí el uso de sintetizadores con instrumentos análogos. El resto lo aporta ese sutil telón de fondo de aire orientales, como en el caso del bellísimo instrumental "Canton". La climática "Sons of pioneers"- compuesta a medias entre David Sylvian y Mick Karn- es otro pasaje moroso, al borde de la quietud. 

El ritmo lo ponen esos enérgéticos ejercicios Synth Pop que son "The art of parties", "Talking drum" o la elegante "Still life in mobile homes". Hay una riqueza sólo perceptible en segundas y terceras lecturas en esta música, que de tan fría y ensimismada parece flotar en el aire, con escasísimo peso específico.

Y si de algo "conceptual" podemos hablar aquí, corresponde a las reflexiones sobre la China comunista en la pluma de David Sylvian. La foto de tapa, sin ir más lejos, muestra a Mao colgando de un poster.

"Ghosts" aporta un momento al borde del Ambient. Una quietud y belleza singulares, donde el tiempo parece detenerse durante cuatro minutos y medio.

Japan 1981
David Sylvian, Steve Jansen, Richard Barbieri, Mick Karn.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Discos: Slow dazzle (John Cale, 1975)

Demás está decir que la primera mitad de los 70 fue de altísimo nivel para John Cale.

Todavía en el sello Reprise, el galés grabó su álbum más europeísta e inspirado ("Paris 1919"). Y ya en Island Records (donde editó tres álbumes en apenas un año y medio) abrió el fuego con otra obra maestra, "Fear", en 1974.

Nuevamente acompañado por Brian Eno y Phil Manzanera (entre otros músicos) Cale volvió a un terreno musical más básico y elemental con este "Slow dazzle", su quinto disco post Velvet. Casualmente o no, también en 1975 Lou Reed volvía a un rock más directo con "Coney Island Baby". En la foto del sobre interno se ve a un Cale de pelo largo, chaqueta de cuero y rostro ceñudo. Otra historia, lejos del look neoclásico circa "Paris...". 

La descarga inicial es de alto vuelo con "Mr Wilson", dedicada al líder de los Beach Boys. En la letra (una especie de carta abierta de admiración incondicional a Brian) el narrador le confiesa aquello de que, bueno, Gales no es como California, y que cada vez que escucha su música lo siente a varias millas de distancia. Esos teclados voladores de Eno y sobre todo el salto astronómico de la melodía desde los 26 segundos en adelante, dejan en claro una vez más el talento de este artista con mayúsculas. Sólo por este tema podría valer la pena todo el álbum. 

Sin embargo, aparecen otros futuros clásicos del repertorio de John. "Taking it all away" mantiene el buen momento inicial, mientras que "Darling I need you", "Rollaroll" y "Dirty-ass rock ´n´ roll" (una crítica a los lugares comunes de los rockeros) se sueltan a puros guiños de R&B. En estos terrenos se mezclan la habitual riqueza melódica y armónica del ex Velvet con estructuras clásicas. En ese sentido, "Slow dazzle" suena simplón y sofisticado a la vez. Para escuchar algunas de estas canciones en su formato más despojado, siempre se puede volver al indispensable "Fragments of a rainy season" (1992).

En el medio del set, Cale deconstruye (o des-truye?) el clásico de Elvis "Heartbreak hotel" en una versión, bueno, inolvidable. Eno enrarece el clima y el propio John se saca, "aullando" en varios pasajes. El único momento (junto con el cierre monologado y climático de "The jeweller") que rompe levemente el tono clásico de "Slow dazzle".

John Cale- trilogía Island Records
Fear (1974)- Slow dazzle (1975)- Helen of Troy (1975). 

sábado, 18 de febrero de 2012

Spinetta: el cantor de mi barrio

Por Sebastián Adúriz´(*)

Los días pasan y la presencia de Spinetta me sigue sobrevolando en las cosas que pienso, en la música que escucho, en las cosas que leo.

Como  UVVD - y como  muchos otros- estuve repasando (impulsado por una suerte de urgencia) los momentos de mi vida personal que tenía asociados a él. Hay muchos más de los que hubiera imaginado para alguien que, como yo, fue spinetteano por poco tiempo, en los años de la adolescencia, justo antes de salir corriendo detrás de las bandas punk y new wave que arrancaban a principios de los ochenta.

Permítanme el listado: el deslumbramiento de escuchar los primeros acordes de ¨Que ves el cielo¨ en el Obras de Seru-Jade; mi primera crónica de un recital (ver foto) en el teatro de la Cova de Martínez; el compañero de la facultad que entonaba ¨Jugo de lúcuma¨ entrecerrando los ojos; ¨Digital Ayatollah¨ sonando en la biblioteca de Olivos; el moog de ¨Y tu amor es una vieja medalla¨ que me ayudaba a mitigar el amor no correspondido de una señorita que de Spinetta, nada; las canciones de ¨Bajo Belgrano¨ celebrando en las Barrancas de Ídem la primavera de Alfonsín.

Ahora todos ellos adquieren una intensidad que, honestamente, no había previsto y los vivo como fundantes de quien hoy soy.  Gracias a Spinetta, el Flaco, enseguida tuve acceso a un mundo alternativo a la jungla que empezaba a encontrar entre los edificios, según avisaba él mismo en una de sus canciones.

Y tengo para mí que hizo eso un poco con todos. Y que no sólo ayudó a construir identidades personales, sino que construyó a la Buenos Aires de los barrios post Troilo. Por lo menos la de los barrios del norte, la que va desde Belgrano hasta Devoto, pegada a la General Paz, y que desde esos barrios se mete hasta Almagro y Caballito. Una Buenos Aires, mayoritariamente de clase media, que ya no se quejaba de los dolores inmigratorios de sus antepasados, sino que apostaba, como proyecto de vida a que ¨mañana es siempre mejor¨.

Spinetta Jade en el Teatro La Cova, 1981

Una ciudad optimista que sentía que bastaban naves de fibra hechas en Haedo, con banderines y estampitas, para salir a la conquista del universo. Spinetta es el músico popular de esa Buenos Aires que reemplaza al tango  con su (nuestra) sudamericana interpretación de la música rock (del mismo modo que León Gieco quizás sea también el folclorista que ocupa el lugar de los Chalchaleros y otros grupos de ponchos y botas: el hombre del interior que, como la mayoría, queda atrapado entre la ciudad y el campo).  

Tengo la suerte de vivir en Florida, un barrio de esa Buenos Aires spinetteana. Convivo con verduleros que se toman un mes de vacaciones, pero que mientras están abiertos desprecian los tomates llenos de agua y sin gusto que venden sus competidores. Asisto a clubes de cuotas bajísimas capaces de proveer jugadoras de básquet a la selección nacional. Tengo a mano herreros, talleristas, tapiceros y otra gente de oficio con el suficiente ingenio para resolver cualquier desafío que les presente. Gente que empecinadamente disfruta de un trabajo bien hecho, sin rebajas ni trampas. Igual que Luis.

Y en esos barrios veo los perros blancos de la lluvia, las Águedas que no adelgazan y los Cachos que van a armar a las playas de Vicente López. Y escucho los sonidos que salen de los garajes de algunas casas tratando de sacar los acordes de canciones.

Pero aunque todo esto exista, con la muerte de Spinetta se hace evidente el final de una época, como bien dicen Mariano del Mazo y Martín Pérez en sus artículos de Radar del domingo pasado. Es así, aunque cueste definir con precisión qué es eso que se termina (¿el rock nacional, nada menos?) y, más difícil aún, adivinar qué vendrá en su reemplazo.

Como sea, en los barrios de Buenos Aires queda su legado. La libertad creativa y el pensar en esos mundos posibles que rescata Ultravivido, la apertura al mundo, la foto de Carlitos acompañando siempre las búsquedas y nunca impidiéndolas. Barrios que ojalá quieran seguir construyendo naves espaciales para viajar a mañanas mejores a los que quizás algún día tengamos la fortuna de arribar.

En barrios así quiero seguir viviendo yo.

(*) Sebastián (aka Isley Juan) es columnista de UVVD para la sección "Soul Basics". Gracias Seba!

jueves, 16 de febrero de 2012

TV: Jazz (Ken Burns, 2001)

El mejor y más completo documental sobre la historia del Jazz.

Inmenso. Superlativo. Insoslayable. De mirada obligatoria para cualquiera que quiera aprender no sólo la historia del género sino -por qué no- la de Estados Unidos y la cultura afroamericana (y su inocultable entrecruzameinto) a lo largo de prácticamente todo el siglo XX.

Así de valioso es el documental "Jazz", dirigido por el norteamericano Ken Burns y editado en 2001 por el sello PBS. Dividido en 12 capítulos cronológicos, el documental narra desde los orígenes del jazz en New Orleans hasta las vertientes tardías del género en los 70´s y 80´s. 

Hay varios pasajes notables, difíciles de olvidar para todos los que ya nos tragamos la serie entera más de una vez. El nacimiento y éxito del Swing- en las décadas del 30 y 40- está magistralmente contado con el telón de fondo de la Crisis del 30 y sus implicancias sociológicas.

La sociedad estadounidense durante la Segunda Guerra y el papel decisivo de figuras como Louis Armstrong (particularmente, entendí quién fue Satchmo para la historia del jazz viendo este documental), Duke Ellington, Bix Beiderbecke, Benny Goodman y otros popes, no se queda atrás.

Otro momento notable es el que se ocupa del pasaje del Swing al Be Bop (a mediados de los 40) y el surgimiento de figuras como Dizzy Gillespie, Charlie Parker y Thelonious Monk, con epicentro en el Minton´s Club de New York. Por cercanía y por gusto personal, acá empieza la historia que más nos interesa. Las imágenes muestran los bares y clubes de New York donde tocaban esos monstruos con carteles de "prohibido bailar". Tal fue la reacción de los snobs bopers frente al éxito masivo del Swing, que los "ahogaba" creativamente.

Los músicos y críticos que prestaron su opinión (Winton Marsalis, Gary Giddins, Stanley Crouch, Gerald Early, Phil Schaap, entre otros) dan cátedra en cada parlamento. Las imágenes inéditas y las fotografías de época son perfectas para acompañar la narración. Y ni hablar del toque estético magistral y definitivo de la serie: la voz del narrador, Keith David. Cada frase del documental se eleva a la categoría de "Arte" en la voz de este señor.


Dónde verla. Además de estar editada en DVD, la serie puede verse nuevamente por estos días en Argentina, cada medianoche en Canal Encuentro (6 de Cablevisión). También la está repitiendo Film& Arts.

"Jazz", de Ken Burns: de mirada obligatoria para cualquier melómano de ley.  En doce capítulos, sabiduría de por vida. Sabiduría de vida.

jueves, 9 de febrero de 2012

Spinetta: la orilla infinita

Como jóvenes "clase 73 y 74", con mis amigos llegamos a Spinetta recién a finales de los 80. En su época hermética de "Tester de violencia" y "Don Lucero". Enseguida empezamos a ir a verlo en vivo. Recuerdo mi primer show de él, en el cine teatro Atlas de Villa Gesell, un verano. Después, ya con los amigos, otro recital memorable en los Lagos de Palermo. El escenario estaba armado sobre una especie de isla y entre Luis y el público resplandecía, en plena noche estrellada, el agua. A los pocos días lo encontramos probando una guitarra en el Paseo La Plaza. Le contamos que nos había gustado el show y él con mucha ternura nos dijo "gracias chicos". Y eso fue todo. Mis únicas palabras con Luis Alberto.


Pero hubo más recitales. Alguna vez, con 18, 19 años, nos dejaron entrar para los bises en el ya desaparecido Teatro Pueyrredón, en Flores. Fuimos corriendo hasta el escenario, justo cuando el Flaco tocaba una versión impresionante de "No te alejes tanto de mí".

FFWD: 2005, tal vez 2006. Con Flavia recién empezábamos a salir y fuimos a verlo a los Bosques de Palermo (otra vez: noche estrellada, cielo abierto y árboles como escenario). Abrazados, escuchamos a Luis cantar "Durazno sangrando".

Todo esto para decir que en vivo, Spinetta siempre pagaba. Siempre sonó. Las versiones mejoraban los originales y uno apreciaba mejor la riqueza armónica y sonora de los temas (que por otra parte, tan maltratados estaban en los discos, que nunca le hicieron justicia en cuanto a sonido). Además, en lo personal siempre me mató escucharlo tocar la viola.

Spinetta será siempre sinónimo de Artista. Esa palabra tan bastardeada. Esas personitas cada vez más difíciles de encontrar. Logró construir un lenguaje y una sonoridad propias (su música sonó siempre sólo parecida a sí misma. En este sentido, el "Planeta Spinetta" es más bien una Galaxia entera).

¿Y qué nos enseñó en sus discos? A abrir la cabeza. A estallar en palabras de pura poesía. A pensar en mundos posibles, con una música que apuntaba al Cosmos (ahí donde Charly fue siempre el genio esencial de la ciudad y el tango, Spinetta fue el otro cenit del par).

Spinetta nos enseñó a ser libres. Así, de una. No hay que ruborizarse al decir estas cosas. Su obra es una invitación al Amor y a la Libertad.

¿Y qué más? Que la visión artística no se negocia (su carrera apenas tuvo un par de deslices - o mejor dicho, uno solo, "Only love can sustain"- en 40 años). El resto, puede gustar o no, pero nunca hizo concesiones. Ojalá los nuevos artistas que vengan se iluminen con la Luz Spinetta y no con las lamparitas de colores que venden en Once.

Esas armonías raras. Esa forma de cantar por momentos exasperante pero absolutamente emparentada con esas palabras y esa poesía. Cada uno tendrá sus versos favoritos de Luis. Hoy yo tengo los míos cuando en mi cabeza no para de sonar "Ludmila/ golpeo en tu puerta/ no se si estás despierta aún/ Mi amor Ludmila/ yo veo en tus ojos/ y veo un ancho mar". Mañana serán otros. Y pasados otros más. Seguro.

Ultimamente no lo escuchaba tanto. Sus declaraciones -un poco en el tono de una vieja quejosa, hay que decirlo- me ponían mal, me bajaban la líbido para escucharlo. Pero aún así, cada tanto vuelvo a sus discos.

No voy a ser original: todo lo que grabó hasta Invisible inclusive es potente, original 100%, creativo y con una energía desbordante. Después le elijo cosas aquí y allá: con el tiempo revaloricé Spinetta Jade (ese Prog Rock que se fue porteñizando, cada vez más Buenos Aires). En el medio, esa joyita que es "Kamikaze".

Su último gran disco fue "Peluson of milk" (1990) inspirado por el nacimiento de su hija Vera. Todavía con una altísima concentración melódica, poética y luminosa. Ahí están "Ganges", "Bomba azul", "Cielo de tí", "Dime la forma". Luego de eso se empezó a desinflar y a repetir un poco. Pero muchos perejiles lo hacen mucho antes. Con menos de la cuarta parte de obra. Ni hablar.

El último rayo de luz fue verlo homenajeado en vida en el show de Las Bandas Eternas. Me hubiera gustado estar ahí. En un plano más íntimo, una mañana de sábado prendí la tele y lo vi cantando "Muchacha" casi a capella con los restantes Almendra. Como un boludo, me puse a llorar delante del televisor. Ahí estaban esos viejitos hippies, los cuatro juntitos en un sillón, todavía afinando perfectos con sus voces inmaculadas. Esos que 40 años atrás habían empezado a armar la cosa del rock nacional porque sí. Porque había que hacerlo.

Mi "playlist Spinetteano" seguirá sonando con "Para ir", "Ana no duerme", "Cementerio club", "Credulidad", "Bomba azul", "La montaña", "Amenabar", "Alma de diamante", "Suspensión", "La llave del mandala", "Kamikaze", "Ludmila", "Cielo de ti", "Algo flota en la laguna", "No te alejes tanto de mí", "Despiértate nena". 

Y "Los libros de la buena memoria", "El anillo del Capitán Beto", "Durazno sangrando", "La luz de la manzana", "El marcapiel", "Dios de la adolescencia", "Preciosa dama azul", "Alcanfor", "Diana", "Las golondrinas de Plaza de Mayo", "Pequeño ángel", "La herida de París", "Dime la forma", "Fina ropa blanca", "Barro tal vez", "Crisálida", "La sed verdadera". Y otras que seguro se me olvidan

Canciones cósmicas y curativas. Ahora y siempre. Contra todos los males de este mundo, Luis Alberto Spinetta.

UVVD, febrero 2012.

miércoles, 8 de febrero de 2012